Sin lugar, sin fecha
Sin destinatario:
Ensayos, filosofías
y tecnologías
fantásticos
Atentamente, Nando Secreto
Diseño de cubierta: Nando Secreto
Diseño interior: Nando Secreto
Editor: Nando Secreto
Autor: Nando Secreto
Ilustraciones interiores: Juan Ignacio Ortiz
Impreso en Uruguay en julio 2021
02020, NandoSecreto
Contacto: nandosecreto4(9gmail.com
ISBN 978-9915-40-545-2
Queda hecho el depósito establecido por la ley.
Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser
reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida
por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni
por ningun medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico,
magnético, electroóptico, por fotocopia, o cualquier otro, sin el
permiso previo por escrito del autor.
Índice
Prólogo a los
dEStIATAOS 2 A 6
Prólogo alos lectores spin ttoesbagó 9
El poder de Gastón o como algunos lo
iman Bill Jack LISO adictas 11
Dios ha muerto. Nuevos dioses han ocupado su lugar.
Los nuevos dioses deben MOTIL. c.ooooonccninccnonccoccconcnconncconocnno 26
Ensayo fantástico sobre la
A o ao: 33
¿Qué es
COC a 45
Uruguayos, y sobre todo, UTUgUayaS ..ocooccnocccocnconncconocancninnnos SE
o 62
O A A 70
DIA A A A ds
Historia. de a a En 75
A A TT 78
Diálogo ficticiamente real ....o.oonnoconincnincnnnncconccconoconc conc ncnnnonos 79
Yo LOS: YÍ PELO- YOMO EXISMO dd 80
Planeta
RR O 84
Rancho
LOA AA AAA 87
A 89
Posdata:
Ey, tú, deja de seguirme... O tendré que plasmarte.................. 90
Prólogo a los destinatarios
El atractivo de los textos de Nando Secreto y la distintiva
variedad de recursos expresivos que estos contienen fueron los
que me llevaron a escribir este prólogo.
Antes de comentar algunos aspectos de la obra en sí, explicaré
cómo llegué a ella. Coincidimos con Secreto en el Centro
Regional de Profesores de Florida, año 2015; en dicha instancia
nos nutrimos de grandes profesores tales como Stefan
Martchenko, Claudio Paolini, Andrea Aquino, Susana Nieto y
Daniel Nahum. Además, asistíamos a cursos, exposiciones y
coloquios literarios llevados a cabo en varios puntos del país
(Florida, Treinta y Tres, Montevideo). No solo coincidimos en
lo que respecta al espacio físico, también lo hicimos en
lecturas, gustos, disgustos y desencuentros. Era frecuente en
nuestras conversaciones que hablásemos de nuestra vida aún no
vivida, de proyectos a corto y largo plazo, qué haremos cuando
estemos acá y allá, qué pensamos estudiar, qué obras
quisiéramos comprar y que autores nos gustaría conocer. Yo me
asombraba y me sigo asombrado en “Tito” (así solemos
conocerlo sus allegados) de su apetito por la lectura y la
escritura en simultáneo (yo hasta el momento me dedico a una
de ellas).
Al menos un día en la semana, durante la noche, nos solíamos
ubicar en los pasillos de nuestra residencia estudiantil, en
sillones verdes muy cómodos y con un estilo similar al
descripto en Continuidad de los parques de Cortázar, allí Tito
leía sus escritos de los cuales muchos de ellos conforman la
obra que garantiza este encuentro.
Pasaron los años y Nando Secreto, ya como Docente de Idioma
Español, partió hacia ciudades como Blanquillo, La Paloma y
Sarandí del Yí a trabajar y dedicar parte de su vida a la
enseñanza. Aún así no hemos perdido contacto, difícil de
hacerlo teniendo en cuenta los avances tecnológicos con los
que contamos.
Ya sea desde Sarandí del Yí, Sarandí Grande (su ciudad natal),
la Paloma o cualquier otro sitio, los cuentos y poemas de Tito
me llegaban y siguen llegando por distintos medios. Es verdad,
el tiempo pasó y de golpe, pero algo se mantuvo y fue el estilo
que hace de Secreto un escritor auténtico, con el humor y el
pesar que lo caracterizan.
Si nos referimos a la obra en cuestión, decimos sin dudas que
estamos ante una expresión literaria, la muestra de un
pensamiento que se produce y distribuye a través del concepto
abstracto denominado como arte. Para explicarlo mejor, de aquí
partimos a una de las peculiaridades de la pieza Ensayos,
filosofías y tecnologías fantásticos, y es la necesidad que tiene
el lector de utilizar la imaginación y la comprensión más allá
de la lógica para apreciar su significado general.
En cuanto a aspectos ideológicos, no encontraremos aquí
ninguna salvedad dado que en muchos de los cuentos presentes
ustedes, destinatarios de este libro, podrán apreciar la postura
feminista que toma el autor ya explícita en títulos como
“Uruguayos, y sobre todo, uruguayas” o en su desarrollo
interno tal como en “¿Qué es educar?”.
Un título concreto pero punzante dentro de esta obra es
“Dictadura”, relato breve en el que se hace alusión directa a un
proceso histórico ocurrido en nuestro país y el continente, a
través de las experiencias y realidad que vive su personaje
principal; en este se ve encarnada una voz gris y sin sonido. Es
un relato emotivo que nos contextualiza en un tiempo y espacio
abrumador y sin esperanzas.
Nando Secreto también deja expuesta de manera inevitable su
condición y perspectiva Docente.
Gastón Pereira
Prólogo a los lectores
Al leer este libro escrito por Nando Secreto usted se adentrará
en un mundo de realidades imaginarias que lo llevarán por un
sendero de constante entretenimiento y diversión, siempre y
cuando su mente así lo permita.
En el transcurrir de los capítulos se encontrará con múltiples
títulos que le advertirán de la temática de los mismos,
intentando captar y hacer volar la imaginación de quien quiera
realmente hacerlo.
Encontrará aquí dentro una riqueza descriptiva y por momentos
fantástica fabulosa. Leerá toda esta obra como si tuviera un
poder que le permitiera hacerlo en un abrir y cerrar de ojos, así
como lo tenía Bill Jack Lawson, ¿cuál era su poder?... Para
descubrirlo tendrá que... usted ya lo sabe.
Pronto se irá encontrando con situaciones de la vida cotidiana
que también lo interrogarán como lector. Preguntas que le
harán pensar y por momentos detenerse para luego continuar.
La obra también le brindará una mezcolanza exquisita de
información, constantemente relacionada con nuestra realidad.
Pasa desde un Nietzsche con su “Dios ha Muerto” hasta un
filósofo uruguayo llamado Rebellato y su pensamiento respecto
a la educación, que dicho sea de paso es una maravilla.
Las ilustraciones también se hacen presentes aquí, creadas con
las manos de Juan Ignacio Ortiz y estas nos dejan un que
pensar e interpretar estupendos. A veces sabemos que las
imágenes nos hablan y nos explican demasiado, pero eso
también será asunto de su alcance imaginativo como lector y
hasta donde deje volar su mente. Para ello por momentos
deberá tener empatía con los personajes y ver que sentirían los
personajes en determinadas situaciones que les van
aconteciendo, esa empatía que tanto nos hace falta como
sociedad y que bien en claro nos deja el autor. Ese autor
uruguayo, de barrio y con una sed insaciable de creatividad que
va plasmando su lápiz en las hojas en blanco hasta hacerlas
hablar y...
Pero usted como lector ya se dará cuenta de lo que digo y de
allí se desprenderán diversas interpretaciones, como muy bien
nos dice allí el autor “Las realidades son tan diversas como los
ojos que las miran” (pág. 39).
Historia, filosofía, educación, redes sociales, son estas algunas
de las tantas temáticas que se plasman de una manera tan
simple que para comprenderlas solo basta con sentarse a leer
esta divertida y aventurada obra.
No intentaré aburrirle más y mucho menos seguir
adelantándole más información de las páginas siguientes.
En un mundo que corre tan rápido donde estamos tan
desesperados por nuestro bienestar individual, tomarse unos
minutos al día para perderse en otras realidades imaginativas es
un momento fabuloso. El poder de la lectura es increíble y
tiene una fuerza aún mayor, como el poder de Bill (personaje
de la obra). Pero sobre todo creo que nadie lleva la maleta
vacía en esta vida, hay mucha gente intentando tomar el tren. Y
allí de nuevo, y allí de nuevo... Otra historia vuelve a
comenzar...
Leandro Catiche
10
“Dedicado a Gastón Pereira, ávido degustador de literatura, con
quien hemos sabido disfrutar del grato sabor que deja la magia
literaria a quienes saben apreciarla”
El poder de Gastón. O como algunos lo
llaman: Bill Jack Lawson
I
Sucedió en el conticinio', sentado en el borde del balcón de un
edificio. Ya ha pasado el tiempo y Gastón recuerda su antigua
vida.
Tranquilidad impagable. Cualquier persona pagaría millones
por un segundo de absoluta tranquilidad y paz interior. Libertad
innegable. Nadie podría negar lo libre que se es cuando meneas
los pies sobre la altura, nadie te observa, mirando la lejanía con
sus techos y luces encendidas, pensando.
La tristeza es irreversible. No hay forma, modo o manera de
volver atrás. No sé si cambiaría lo que pasó, pues al fin y al
cabo soy la versión más libre de mí. No tengo familia, no tengo
amigos, no tengo a nadie ante quien dar explicaciones.
Me dieron por desaparecido y así me alejé de la vida que
llevaba, de los amigos que tenía, de la familia en que nací y me
crié hasta los catorce años.
Todo comenzó de esta forma, en la más pura tranquilidad, paz
y armonía: pescando, como todos los domingos, con mi padre y
mi hermano Matías dos años más pequeño que yo. El lago
estaba espléndido. El pasto crecía verde y con fuerza debido a
1 Conticinio: hora de la noche en que todo está en silencio.
11
las lluvias que habían arreciado tres días antes. El sol tibio
evaporaba el agua pegada en redondeadas gotas a los pastos.
Los pastos se curvaban dejando deslizar sobre ellos a las gotas,
destellantes, llenando de brillos multicolores todo a su
alrededor. Y fue así, viendo el mundo a través de una gota en el
momento justo en que reventaba que moví algo por primera
vez.
Mis pupilas' se dilataron, se ampliaron, y vi todo más claro.
Con un ojo observando a través de la gota que estallaba vi la
lata con las lombrices que habíamos llevado para pescar. Y con
el otro ojo miré a papá más allá, buscando a tientas con la
mano la misma lata con lombrices, que estaba lejos de él, para
encarnar el anzuelo. No sé como hice para mirar dos cosas a la
vez y con tanta atención. Pero vi claramente ambas cosas (la
lata repleta de lombrices retorciéndose dentro y a papá
tanteando” sin mirar buscando la lata que estaba lejos de él).
Fue en ese instante que se dio un movimiento que me asustó.
Lo que sentí fue como viajar a mil kilómetros por hora. Mi
mirada partió desde mis ojos hacia la lata y rebotó hacia la
mano de papá.
Sentí que había despertado de un sueño muy agitado pero en
realidad habían pasado segundos. Enfoqué la mirada porque
me sentía mareado y vi a papá metiendo la mano en la lata y
tomando una lombriz para encarnarla en el anzuelo y tirarlo al
agua para pescar. No entendía, la lata estaba lejos de su mano,
yo la vi. Y un segundo después la lata estaba a su lado.
Mi hermano de trece años que estaba a mi lado me estaba
mirando con cara de asombro.
-¿Viste eso? -me dijo abriendo los ojos y señalando la lata.
1 Pupila: orificio negro que se sitúa en la parte central del ojo y a través
de la cual ingresa la luz.
2 Tantear: titubear, andar a tientas.
12
Qué lindo es cuando pasa algo extraño y no lo ves solo tú.
Tener un testigo es algo invaluable, no tiene precio. Porque no
te pueden acusar de mentiroso tan fácilmente.
-Sí- le dije -Esa lata estaba más lejos.
Le dijimos a papá que la lata estaba más lejos, que cómo era
posible, que si sería magia, que no podía ser, que yo la vi, que
yo también, que la vimos los dos, que no es mentira, que , que,
que.
Papá sonrió, se tocó la sien entrecerrando los ojos y miró la
lata.
Fue él, nuestro padre siempre había sido un mago, un
verdadero mago y nunca nos lo contó, tuvimos que descubrirlo
nosotros mismos para que confesara.
Luego tomó la lata con una mano, la observó y la aventó lejos
y comenzó a reír. Se estaba burlando de nosotros.
-Ahí tienen la magia -decía riéndose- ahora junten las
lombrices y tráiganme la lata de vuelta-
Riéndonos con Matías lo hicimos, juntamos las lombrices de
nuevo en el recipiente de lata y nos sentamos junto a papá a
pescar hasta ver caer el sol tras los tupidos montes. Montes de
abundantes árboles, muy cerca unos de otros, con sus grandes
raíces por encima de la tierra, generando una profunda y oscura
sombra... Y con sus leyendas.
Cuando la luz solar desapareció encendimos las linternas, unas
linternas buenísimas con luces led, hechas en China. Juntamos
las cosas en una mochila reciclada que la hizo la abuela Teresa
con pantalones jeans gastados y viejos. Atamos las cañas a la
bicicleta de papá y volvimos pedaleando para casa.
Esa fue la primera vez, a partir de ahí maduré.
13
TI
José, el típico matón, a todos molestaba en el liceo, a todos
golpeaba, a todos robaba y nadie hacía nada.
Yo salía del liceo, era mi segundo año, Matías estaba en sexto
de escuela.
Pasé en mi bicicleta por la escuela a buscarlo y lo vi a media
cuadra huyendo de José que lo perseguía en bici. Pedalee con
fuerza para alcanzarlos, casi lo hacía cuando se aproximaba
una esquina. Mis sentidos se aguzaron, dejé de escuchar
sonidos, no sentí el viento en mi cara, percibí el fuerte olor a
nafta quemada por los motores... Y la visión. Las cosas se
abultaban, acercándose y alejándose. Vi a José en cámara lenta
dirigiéndose a mi hermano, vi a mi hermano más adelante
huyendo en su bicicletita. Vi al camión que se acercaba a la
esquina muy rápido, vi al conductor fumando y hablando por
celular y no miraba hacia mi hermano que se acercaba rápido al
camión.
Matías estaba casi abajo del camión. Grité de tal manera que
todos en la calle miraron hacia allí. Las señoras se agarraban la
cabeza y se tapaban los ojos. La bicicletita de mi hermano se
frenó como si hubiera chocado contra un muro imaginario pero
la de José siguió. Y fue a parar abajo del camión.
La gente comentaba cómo se detuvo la bicicleta de mi
hermano. Porque fue una frenada súbita, como si hubiese
chocado contra un muro imaginario y allí mismo cayó. Y la
bici del matón, sin embargo, tomó mayor velocidad y se la
tragó el camión.
La bicicleta despintada de José quedó irreparable, ni el mejor
bicicletero de la ciudad pudo arreglarla. Pero José tuvo suerte,
solo se quebró una pierna.
La gente de la ciudad, sobre todo las viejas, comenzaron a
hablar de magia negra.
14
¿Sería eso? ¿Magia negra? Yo no sabría si definirla como
magia, como un acto de dios o como ciencia. Pero sé que el
culpable fui yo. Yo frené a mi hermano. Yo empujé a José, para
que se asustara, bajo el camión y cuando vi que no le había
sucedido nada lo tomé por una pierna y la puse al alcance de la
rueda que la aplastó.
Tuve que hablar con la policía. Contesté todo lo que me
preguntaban. Negué ver con detalle la situación ya que venía
concentrado en la bicicleta intentando alcanzarlos y me asusté
mucho cuando vi el camión aparecer.
TI
El año terminó bien. Mi hermano era una especie de héroe en
la escuela por lograr escapar del matón José.
Yo pasé a tercer año de liceo, cumplí quince años y José no se
me acercaba, me miraba con miedo. Es como si él supiera que
fui yo. Varias veces comentó que desde debajo del camión me
vio observándolo fijo y sintió que le agarraban la pierna y se la
estiraban dejándola a merced de la rueda aplastadora. Claro,
todos se burlaron de él y me comenzaron a llamar Telekinético
(porque le había agarrado la pierna con la fuerza de mi mirada
según él).
Matías me preguntó muchas veces si yo hice algo ese día.
Siempre le contesté que no hice nada. Él me juraba que sintió
como si lo agarraran del asiento y lo frenaran.
-Vos sabés que mis frenos estaban súper desgastados, que no
frenaban casi nada -me decía, buscando el por qué su bici se
frenó y no fue a parar como José a abajo del camión.
-Matías, basta, ya te dije que yo no hice nada, no tengo súper
15
poderes, dejá de mirar tantos dibujitos.
-Bueno Gastón, ta, capaz que fue suerte.
Ver la cara de desilusión de Matías me hacía hervir las ganas de
contarle lo que sucedía (lo que me sucedía) y cuándo había
empezado (aquel día con la lata de lombrices). Pero sabía que
era mejor no hacerlo. Si se lo contaba lo exponía. Se le podía
escapar y si se le escapaba me harían pruebas. Pruebas
dolorosas seguramente. Hasta quizás me mataran y él se
sentiría culpable.
Luego del accidente de José con el camión comencé practicar.
Miraba fijo las cosas, entrecerraba los ojos, me imaginaba
agarrándolas como cuando salvé a Matías tomándolo del
asiento o cuando le alcancé la lata de lombrices a papá.
Pero no tenía resultados positivos. No podía hacerlo cuando
quería.
Ya había bajado el sol, era de noche y estaba exhausto de
intentarlo. Había estado toda la tarde en los montes detrás del
lago intentando mover cosas sin tocarlas. No lo logré ni una
vez y estaba muy frustrado. Iba pateando piedras en el oscuro
camino a casa cuando un perro de mediano tamaño se me
abalanzó ladrando fuertemente y sus feroces dientes se
incrustaron en mi piel. Me mordió la mano. Y en ese instante
me enfurecí tanto por el susto y el dolor que me dieron ganas
de matarlo. Entre las sombras de la noche sentí que la cara del
perro se agrandaba ante mi vista, lo tomé por el cuello y sentí
sus huesos resquebrajarse. Pero no lo maté con mis manos, fue
con el poder. Ni siquiera quise hacerlo, solo se dio. El perro
cayó muerto al instante. Y yo caí exhausto al piso, agotado por
la cantidad de energía liberada sobre el perro y me desmayé.
16
IV
Intenté abrir los ojos pero la luz me obligó a cerrarlos. De a
poco volví a intentarlo hasta que lo logré. La habitación tenía
las ventanas muy altas y se veía solo el cielo turquesa a través
de ellas.
-¿Do- dónde estoy? -pregunté desorientado.
-¡Hijo! ¡Bendita sea! -mi madre lloraba abrazándome y
besándome. Mi padre me miraba orgulloso con la mano bajo su
mentón como intentando no llorar.
-¿Qué pasó mamá? ¿Por qué estoy aquí?
Sin saber si decirme lo que pasó, miró a papá y resumió los
hechos en las siguientes palabras: “Descansa, te desmayaste
por fatiga, es decir por cansancio”.
-Sí, mamá, estoy cansado -y se me cerraron los ojos y dormí
unas cuantas horas más.
Cuando desperté, en las altas ventanas se veía el color arrebol
del sol en las nubes. Ese anaranjado captó mi atención hasta
que una enfermera se dio cuenta que desperté y me dio agua,
comida y luego comenzó el cuestionario de la policía.
Un policía muy malote me indagó, preguntó, cuestionó e
interrogó de mil maneras diferentes para hallar contradicciones
o mentiras en mi discurso. No las había por supuesto pues no
me acordaba de nada de la noche anterior.
-Recuerdo haber ido a los montes de detrás del lago señor, me
gusta jugar allí, trepar árboles y jugar al tiro al blanco con latas
o botellas. Es tranquilo, no hay nadie que me moleste allí.
-Ajá -decía el policía pensando nuevas preguntas- y dígame
señor Muslera, ¿qué sintió cuando el perro se le venía encima?
-¿Qué perro? -le pregunté completamente sorprendido.
-El que le mordió esa mano.
Me miré la mano vendada (seguramente tenía cremita bajo el
vendaje) y no entendía nada.
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El policía me creyó.
-El niño dice la verdad -le oí decir hablándole a mis padres- no
recuerda qué le sucedió, quizás se golpeó la cabeza cuando
cayó.
-¿Y el perro? -preguntó mi madre extrañada con la situación.
-Lo más seguro -dijo el policía- es que su hijo lo haya matado
en defensa propia hasta sin darse cuenta. Suele suceder que en
ocasiones extremas, por instinto de supervivencia, a las
personas les da un golpe de adrenalina y logran cosas
impensadas. Una madre por ejemplo, al ver que su hijo estaba
debajo de automóvil luego de un choque, levantó el automóvil
desde la parte de atrás sin ningún problema. Pero claro, luego
del gran esfuerzo se desmayan porque quedan agotados.
Pasaron los días y me volví famoso, me decían el “mata
perros” sobrenombre que odié pues no fue mi intención dañar
al animal.
Pero la cosa se complicó. Luego de unos días recordé lo
sucedido y entendí cómo funciona el poder. Surge en
momentos de aprietos o de grandes emociones como el miedo
O la ira.
Y comencé a entrenarme. Iba al bosque todas las tardes, nunca
vi que alguien me seguía. Llevaba latas de refrescos y botellas
para derribarlas con el poder. Intentaba pensar algo que me
diera miedo o ira y lo descargaba hacia las botellas. Y
funcionaba. Al principio no estaba ni cerca de los objetivos que
quería derribar pero fui mejorando y mucho. Al principio solo
podía tirar el poder imaginando que era una piedra y con él
derribaba las latas y botellas.
Una tarde salí de casa hacia el monte. Vi a José y otros matones
que se juntaban con él en el lago. No pensé que me seguirían
pues ni siquiera los miré al pasar.
Me dediqué a poner las botellas y las latas para comenzar a
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practicar. De repente sentí pasos detrás de mí y el poder se
activó. Los vi en cámara lenta, eran José y tres más. Se estaban
abriendo en U detrás de mí para atacarme todos a la vez. Sentí
que perdía el control, los odié y sentí una gran fuerza. Los vi
levitando, intentando soltarse las sogas del cuello. Sogas
transparentes pues no se veían.
-Basta Gastón -gritó alguien detrás de mí. Intenté ubicarlo con
la mirada pero era muy veloz, inmensamente veloz. Intenté
seguirlo con la mirada que estaba en estado de poder, o sea que
veía mucho mejor, mucho más rápido de lo normal, pero no
lograba divisarlo.
Una fuerza inmensa me hizo soltar a José y sus tres secuaces. Y
me desmayé.
Cuando desperté estaba en casa. Acostado. Habían policías
preguntando cosas. Papá muy tranquilo respondía y les decía a
los policías que cualquier cosa que necesitaran no dudaran en
llamar o acercarse a casa a preguntar.
-Mi mujer estuvo trabajando desde el mediodía -les decía papá-
se fue luego de almorzar con nosotros. Y Gastón se desmayó
unos quince minutos pasadas las trece horas.
-¿Y por qué no llamó a emergencias en seguida y lo hizo treinta
minutos después?
-Lo intenté pero no me atrevía a dejarlo solo mientras iba a
hablar por teléfono. Luego de treinta o cuarenta minutos
Gastón entreabrió los ojos y me sonrió, eso me dio coraje y fue
cuando llamé al hospital. En ningún momento hoy salió de la
casa así que la historia de esos chiquillos es falsa, oficial.
-Bien -decía el policía y tomaba apuntes- pero como le
expliqué, estos muchachos dicen haber sido atacados por su
hijo quien los elevó a todos a la vez.
usted cree esa historia fantástica? ¿O sí oficial?
19
-No no, por supuesto que no, yo solo cumplo mi trabajo.
Pasaron los días y me mejoré. Papá me aseguraba que yo no
había salido de casa ese día. Pero yo estaba seguro que la
versión que José y sus aliados contaban era verdad. Pero me
faltaba un dato importante: alguien los había salvado del Tele
(mi poder, como le digo secretamente) cuando la furia se había
apoderado de mí y me había traído a casa.
Como fuere, algo había aprendido en ese arrebato de furia
contra los matones. El Tele podía ser usado como proyectil,
como cuando yo lo utilizaba para derribar las botellas o podía
ser utilizado para agarrar cosas, como si fuera una mano o una
soga imaginaria, invisible, como cuando asesiné sin querer al
perro que me atacó y casi me mata o como cuando los tomé por
el cuello a estos malandros (abusivos y golpeadores).
Y comencé a practicar. Imaginaba que las botellas me
insultaban y las intentaba aplastar. Era una sensación de gran
poder pero también a veces me daba la sensación de
impotencia, de no lograr hacer lo que quería pues no atinaba al
objetivo, no lograba acertar en las botellas. Era como estar
borracho, querer agarrar un vaso y ver que lo estás por tomar
pero cundo cierras la mano no tienes nada.
Iba todas las tardes al monte. Pero comencé a ir por la ruta
vieja, me metía por los maizales del viejo José María para que
nadie me viera pues si la policía me veía yendo hacia los
montes seguido sospecharían de lo sucedido con José y sus tres
matoncitos. Llevaba las botellas y latas, las colocaba sobre
árboles, en el suelo, colgadas con sogas, piolas o hilos que
llevaba y practicaba toda la tarde. Las miraba, intentaba
memorizar la ubicación exacta donde estaban, luego imaginaba
que me insultaban con palabras o cosas hirientes, entonces
desataba el Tele. Sentía la mente como algo físico, tangible,
20
tocable, como algo que se pudiera agarrar y guardar en una
gran bolsa. Y manipulaba mi misma mente, sacando hilos de
ella que estiraba como si fuera goma de chicle y la utilizaba ya
sea agarrando, enroscándola en la lata, o utilizándola como
látigo.
v
El día que salvé a Matías del camión e hice que la rueda
aplastara la pierna de José. Ese fue el día del que me olvidé por
un tiempo pero que volvió desde el infierno de los recuerdos a
atormentar mi vida. Y la de mi familia.
Un video. Una chica del colegio había filmado con su celular el
momento del accidente. Ella nunca quiso mostrar el video
porque yo le gustaba. Steffany Mélchor era su nombre. Me
habló varias veces del accidente riéndose del matón José, pero
yo siempre le cambiaba de tema. Nunca imaginé que siempre
supo lo que hice, que siempre supo de mi poder.
Pero perdió su celular y el video se viralizó. Todos en la ciudad
lo habían visto. Y la policía lo había visto.
En el video se veía con exactitud como la bici de mi hermano
se frenaba de golpe, sin tener frenos, y se veía a José
forcejeando con su pierna como si se la estuvieran sinchando.
Y se me veía a mí un poco más lejos mirando fijo y moviendo
las manos, como sinchando algo (la pierna de José).
Llegué del liceo, mi padre me vio entrar y se abalanzó a mi.
-Ya lo sé hijo, tienes el poder. Y tienes que irte, lo saben y
vendrán por ti muy pronto, muy pronto.
Atónito ante la declaración que me hacía mi padre no sabía que
hacer. Y comprendí todo. Miré a mi alrededor y habían cosas
levitando en la habitación como si estuviera la casa llena de
agua y las cosas flotaran libremente.
21
-Debes irte hijo, las cosas se pondrán feas por aquí, no han
llegado pero lo harán. Han contactado al F.B.I., a la C.LA. y
otras instituciones que tratan lo paranormal. Cuando lleguen te
desaparecerán y dirán que huiste, ya conozco la historia, lo
hicieron con tu abuelo, mi padre.
Cosas flotaban en la habitación y se metían dentro de una gran
mochila.
-Póntela y sígueme -me dijo mi padre abriendo la puerta del
fondo para salir de la casa.
Salimos por el fondo, y fuimos, atravesando campos, a la casa
del tío Jorge. Este me esperaba con la vieja camioneta
encendida.
-Gastón. ¿Cómo estás? -me dio un abrazo, tiró mi mochila
dentro de la camioneta y me pidió que suba.
-Adiós, hijo. Estoy orgulloso de ti. Vive, vive y disfruta. No te
preocupes por nosotros, no sientas pena por el pasado. Las
cosas se dan así por el miedo del gobierno, de los gobiernos a
personas como tú, como yo, como tu tío -me besó la frente y
me abrazó con un fuerte apretón y llorando se fue.
Pero antes de irse se dio vuelta y llorando aún me dedicó su
última sonrisa.
VI
-¿Qué voy a hacer, tío? ¿Qué vamos a hacer?
-Te vas del país Gastón, es la única manera. Lo saben de ti,
pero no de mí y tu padre, nosotros nos las arreglaremos. Espero
que no nos agarren -el tío miraba frecuentemente hacia los
costados y hacia el espejo buscando ver si alguien nos seguía.
-¿A dónde voy a ir tío? No tengo familiares fuera del país, no
22
puedo usar mi documentación porque por lo que dijo papá seré
buscado internacionalmente -el tío sonrió macabramente y me
dijo, ya no te llamas Gastón, sobrino. Ahora te llamas Bill Jack
Lawson. Y buscando en la guantera de la camioneta, sacó mi
nueva documentación.
-Pe pe, pero cómo tío. ¿Es falsa?
-Digamos que no naciste siendo Bill Jack Lawson, peeero,
ahora lo eres. Te vas a la casa de unos amigos, muy buenos
amigos, excelentes personas, nunca tuvieron hijos, aprovéchate
de eso. Es en Estados Unidos.
-Pero me busca el FBI, la CIA. Son de Estados Unidos.
-Exactamente, sobrino, nunca se imaginarán que irás a vivir
entre ellos. La historia para contarles a mis amigos será la
siguiente: Naciste en EEUU, a los cinco años te viniste con tu
madre (tu padre nunca te reconoció) y los apellidos te los
pusieron legalmente la familia que te adoptó porque tu madre
te dio en adopción y... etc... etc... etc...
VII
Hoy tengo cuarenta años y estoy radicado en Estados Unidos,
me llamo Bill Jack Lawson y soy empresario. Los amigos de
mi tío han sido fantásticos conmigo, incluso sabían de mi
poder. Me heredaron su pequeña fortuna y sus negocios.
Sucedió cuando tenía veintitrés años, casi veinticuatro.
Extrañaba tanto a mi familia, hacía ocho años que no los veía
ni sabía nada de ellos. Pero sentí una inmensa amargura
imaginando que habían muerto o que algo malo les había
pasado. Y así se dio, en el conticinio (hora de la noche en que
todo está en silencio), sentado en el borde del balcón de un
edificio. Mirando el lejano y duro suelo desde lo alto deseé
morir, harto de las desgracias que me habían sucedido: me
23
exiliaron de mi patria, me alejaron de mi querido Uruguay y
me separaron para siempre de mi familia y amigos.
Me paré sobre el balcón, y mirando las lejanas casas con sus
techos y luces encendidas decidí morir, estaba harto de esta
vida. Miré allá abajo el lejano y duro piso. Y salté.
VII
Fue la emoción más fuerte que jamás había sentido, libertad
absoluta, dejaba ir mi vida, me tiraba hacia la puerta a través de
la cual nunca volvería, a través de la cual lo que me esperaría
sería algo inimaginable: miles de aventuras.
Estaba por reventarme contra el suelo cuando el poder se
desató ante tal magnitud de sentimientos y no me permitió
destrozarme contra el suelo. Caí como una hoja, lentamente y
quedé tendido en el piso de la vereda. Pero el uso del Tele
liberó tanta energía que agotó de tal manera a mi cuerpo que
morí de un infarto.
El hospital de la zona estaba muy cerca y llegaron los
paramédicos inmediatamente y aplicaron choques eléctricos
sobre mi pecho. Un choque. Nada. Otro choque. Nada. Y al
tercer choque. Mi corazón se sacudió frenético y me volvió a la
vida.
El resultado fue el buscado. Planeaba terminar con la vida que
llevaba. Y lo hice.
Inicié una nueva vida. Disfrutaba del aire, de las mariposas, de
ver madres jugando con sus parejas e hijos, disfrutaba del
amor. Cuando supe que pude perder la vida, me estremecí,
sentí mucho miedo. Pero tuve la segunda oportunidad que
muchos no han tenido, la suerte de experimentar y salir ileso.
Y quién lo diría, estoy disfrutando de una nueva vida, con mi
poder, con mis pequeños negocios y con el amor de mi vida:
24
Steffany Mélchor.
23
Dios ha muerto.
Nuevos dioses han ocupado su lugar.
Los nuevos dioses deben morir.
Los ojos completamente fijos. Las personas caminan con la
vista en el aparato. Cruzás y no te miran. Si les hablás no te
miran. Y te responden casi autómatas. Para mirarte, no lo hacen
de frente, lo hacen a través del aparato. Te buscan en Facebook,
Twitter, Instagram u otra sociedad electrónica basada en
palabras e imágenes (como en la que vivís vos). Pero la
sociedad en que vivís vos captás el mundo, la realidad, a través
de los sentidos que la naturaleza te dio. Esa naturaleza todo
poderosa e impredecible que muchos llaman Dios, Alá, Jehová,
Droga... Ah, no, la droga es otro dios hoy en día para algunos
pero no explica la creación del universo por ejemplo. A no ser
que quien lo haya creado estuviera drogado. Eso explicaría
muchas cosas, como el arcoíris. Ah, no, el arcoíris es explicado
por la física. Y volvemos a lo mismo: la naturaleza. La
naturaleza es Dios.
La naturaleza nos dio sentidos, cinco generalmente. Con estos
sentidos nos movemos en un mundo de imágenes, sonidos,
texturas, olores y gustos. Y alguna que otra intuición.
¿Quieres saber qué tan intuitivo eres? Entra en el siguiente link
y prueba el test intuitivo (creado por algún pelotudo que no
tiene nada mejor que hacer que crear una aplicación
atrapaboludos).
Sí, puedo pensar un montón de cosas en un corto lapso de
tiempo. Sobre todo si nadie me presta atención.
Camino entre la gente y es como caminar entre hologramas, no
los atravieso pero me dan la misma importancia. Técnicamente
2d
no existo para ellos. Bueno, técnicamente nada existe para
ellos. Ni sus familias, ni sus parejas, ni sus hijos. Aunque ahora
que lo pienso, ¿cómo habrán hecho para reproducirse? Ah, ya
sé, mirando algún video excitante mientras lo hacían al estilo
Tantra, quietos como dos estatuas haciendo el amor.
Ya nadie se habla. Es este el siguiente paso en la evolución del
ser humano: el silencio cara a cara y el ruido insoportable y
ensordecedor en las redes. Ruido insoportable pero adictivo.
¿Contradictorio? Sí, como todo lo humano, dialéctica pura y
bella. No sé si tan bella. ¿Lo ven? Hasta yo me contradigo.
El centro de la ciudad es un río de zombies. No zombies
muertos y de piel gris. Un río de personas, algunas lindas, muy
lindas, otras feas, muy feas y otras, otras, otras. Diversidad de
personas, como siempre hubo. Gays, heterosexuales,
sadomasoquistas, zoofílicos, asexuados, curas, pedófilos,
violadores, policías, ladrones, políticos, inocentes. Ah, no, eso
último ya no existe. Es una de las especies que se extinguió por
el calentamiento global. Una vez conocí una Homo Sapiens
Inocentis, muy buena: si te podía dar la vida te la daba. La
última vez que la volví a ver sufría por amor. Pobre.
Todos estos asquerosos humanos, con sus perversiones ocultas
bajo la máscara de piel, ya no son tan pervertidos como solían
serlo. Porque ya nadie se mira, nadie se toca, nadie se... oye.
Todos pasan a mi lado como si la nano marea digital los
ondulara hacia donde deben ir. Pasan con el cuello versión
tortícolis mirando hacia el aparato y enchufados con
auriculares. Esta es la última fase de la evolución: una especie
con joroba de hiena y orificios en las orejas cada vez más
grandes para que los auriculares no se salgan. La visión no
alcanza más de los cincuenta metros. Se ha especializado la
visión a corta distancia (por el aparato).
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La horda masiva de caminantes zombies pasa inamovible a mi
lado. No me chocan, solo pasan. Supongo que es la evolución:
deben tener ya un sistema de láser que les permite evitar
obstáculos.
Intenté alguna vez llamar la atención a uno de estos transeúntes
que no sé qué sentido le encuentran a la vida y el miedo que me
causó la mirada atrofiada y violenta del sujeto me hizo desistir
de volver a intentarlo. Ni un segundo. Ni un segundo pueden
estar con los ojos posados fuera del aparato sin que su humor
cambie. La mirada del sujeto cuando posó sus ojos erráticos en
los míos fue la representación del Ello pidiendo paz. Son almas
en pena, quieren dejar de ser así, pero no pueden. El aparato es
el Yo, es lo que los hace sentirse racionales. El mundo que los
circunda es para ellos la selva de los instintos, no pueden estar
en esta más de unos segundos porque el asesino serial se
desata.
¿Cuál es la naturaleza del ser humano en este punto de la
evolución? Digo, la naturaleza del ser humano es cambiante, él
la crea y la transforma según sus actividades.
Pues, ya no me parece estar viviendo en el planeta Tierra que
conocí en el lejano tiempo anterior al año 2000.
Quizá te parezca loco que hable de un tiempo tan cercano en el
reloj, en el calendario gregoriano, de manera tan lejana pero los
cambios son irreversibles aparentemente.
Necesito hablar con alguien. Me estoy volviendo loco. Quizá
tengan razón, necesito racionalidad, necesito unirme al mundo
digital. Pero no, no es esa la solución para mí. Necesito algo
real, no una conversación por chat o por audio con alguien que
no sé ni si existe.
Pero... Por más que hablara con alguien frente a frente, como
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hacían mis abuelos, con los pantalones remangados y
descalzos, sintiendo el pasto verde y fresco en las plantas de los
pies no sabría si es real, porque los sentidos también nos
engañan. “Plantas de los pies”: frase de la época en que
estábamos más cerca de la naturaleza. Ahora se le dice la suela
de los pies.
Es ilegal andar descalzo. También es ilegal andar de chinelas
(ojotas) porque el viento rozando la piel de los pies puede
revivir cuestiones pasadas asociadas a la emoción, a la aventura
desenfrenada sexual de nuestros antepasados que tenían hasta
diez o doce hijos por pareja.
La evolución es todo: el sistema de natalidad (nacimientos)
está controlado, entrás en el siguiente link, ponés tu correo
electrónico y aparece tu ficha (nombre, apellido, los diferentes
trabajos que tendrás a lo largo de tu vida, la pareja que te toca
según el estatus social que te es asignado, el tipo de aparato
que te toca según el estatus social que te es asignado, la comida
que te toca según el estat...).
Y así pasan a mi lado, todos con lentes, porque la evolución ha
llevado a eso, a que todos deban usar lentes por la cercanía
constante del aparato a los ojos.
Y la evolución ha creado un nuevo Dios. Eso es lo interesante.
Sí, un Dios como el de antes, con mil nombres.
Cada grupo social sigue y cree en un Dios distinto. El sujeto
con el que intenté entablar conversación y me miró rabioso,
creía en el Dios Apple. Otros en el Dios Samsung. Huawel.
Alcatel. Toshiba. Bah, miles, no los voy a nombrar a todos,
¿qué sentido tendría?
Ese nuevo Dios no tiene cara, tiene estatus. Tiene el estatus
superior.
El estatus superior consiste en: que nadie sepa dónde está, es
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decir que está en todos lados y todo lo ve (porque la letra chica
del contrato así lo estipula), que genera miedo con solo
nombrarlo, que explica la forma de vida y sin él todo sería caos
y espantos porque empezaríamos a vivir en el infierno (una
vida sin aparatos).
La ropa ha evolucionado: nos tapa todo el cuerpo aunque la
temperatura sea elevada (por el calentamiento global), la ropa
interior es cada vez más gruesa. Médicamente comprobado que
la ropa interior gruesa protege las partes íntimas del cáncer
solar.
“Médicamente comprobado”. Es como decir “científicamente
comprobado”. Es una frase hecha de humo. Es una mentira. La
ciencia y los científicos son una forma de ver la realidad, no
dicen la verdad solo por ser médicos. Dicen la verdad del Dios
de moda.
Pero ¿sabés quién soy? Te muestro lo que veo en el momento
justo. Para que reacciones. NO pierdas los vínculos con las
personas, hermosas creaciones naturales, flores que nacen, se
desarrollan y mueren. No te dejes dominar por tres chinos y
dos japoneses que corren abrazados a los opresores Unidos de
América que solo piensan en ellos. Bah, son un puñadito que
piensan en ellos mismos, porque incluso la población de Los
Opresores Unidos de América, la población de China, la
población de Japón son unos inocentes bajo la suela de estos
antihumanos. Perdón, las poblaciones no son inocentes (el
Homo Sapiens Inocentis se extinguió hace mucho), las
poblaciones son inconscientes. Y reciben la dosis diaria de
inconsciencia crónica (una enfermedad muy común) a través de
los aparatos.
Pero has lo que quieras. Yo me voy, caminando desnudo, con la
mirada oculta bajo este sombrero negro de ala ancha y gritando
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mi nombre: Neo Nietszche.
Mataré a estos nuevos Dioses, porque aún no han muerto. Son
ellos o nosotros.
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Ensayo fantástico sobre la empatía
La empatía, según el Diccionario de la Real Academia
Española, es la “capacidad de identificarse con alguien y
compartir sus sentimientos”.
Si lográramos llegar a un 100% de empatía, técnicamente nos
transformaríamos en El Otro (sentiríamos totalmente lo que
siente).
Y creo que la empatía, en un mundo tan cruel, desigual y triste,
genera en quien se pone en el lugar de otros una profunda
tristeza. Es decir que la empatía nos aleja de la felicidad.
Cada día que pasa sabemos menos. No puede ser que una
persona grande, no de tamaño sino de edad, sepa más de la vida
cada día que pasa, cada día que vive, cada día que quema en la
hoguera del tiempo. Porque si así fuera, las personas serían
cada día más sabias, más felices.
¿Y es así? Pues no, no es así.
Las personas se entristecen con el pasar de los años. Los años
se llevan seres queridos, amores, amistades. En fin, los años:
matan.
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Todo el mundo dice “no hay felicidad como la que te da la
infancia”. ¿Qué puede significar eso entonces si no que la
mayor felicidad radica en nuestros primeros años?
Cuando digo primeros años no estoy hablando de los dos
primeros años luego de nacer. Estoy hablando de una serie de
años en la cual usted identifica su mayor, más inocente y
desinteresada felicidad pura.
Es cierto que pasan muchas cosas a cada momento.
Tantas veces, sentado en mi casa, he mirado la pantalla como
una planta inerte y allí veo el sin fin de tiroteos (tra tatatata),
sangre volando que deja charcos de lágrimas donde madres
gritan por sus hijos, y otros eventos siempre negativos en el
informativo televisivo.
Televisión: es la teletransportación de nuestra mente hacia cada
una de las tomas y ángulos que absorbe la cámara que cuesta
miles de dólares, donde entrevistan a una madre que ha perdido
a su hijo por la droga, a un anciano que suplica un techo porque
no tiene donde vivir, a un almacenero que llora y se enoja
porque es la cuarta vez que lo roban (en el día).
Si intento recordar todas las veces que he mirado como un
tonto inerte el informativo televisivo me doy cuenta que eso es
lo que ha provocado que cada día yo sepa menos lo que es ser
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feliz o cómo llegar a la felicidad.
He llegado al punto más álgido, más frío, al que un ser humano
consciente y crítico puede acceder. He llegado sin querer, por
supuesto, a sabotear las cosas que me hacían sentir felicidad
(satisfacer mi hambre me hacía feliz, pero desde que siento
empatía por los hambrientos ya no disfruto el comer).
Pero sé a quien culpar de esta infelicidad. Sé de quién es la
culpa. Y por eso, desde mi apatía, desgano, infelicidad, ruin
existencia, o simplemente pasar de los años (y con ello el ganar
de experiencias), escribo este manuscrito en el que sangro las
respuestas a la infelicidad humana: la culpa de que con el pasar
del tiempo sepamos menos y sintamos menos es de...
Porque encima eso, con el pasar del tiempo sentimos cada vez
menos (ya no sentimos el momento a momento, no vivimos el
Carpe diem, no sabemos cómo hacerlo). Entonces cada día que
pasa sabemos menos y sentimos menos. Por favor, “Dios”,
¡¿Cómo no va a decidir Verónica morir a los 24 años?!
Cada cosa que vivimos con otros hace que sintamos lo que
sienten los otros. Si tu pareja está enamorada de ti y tú la
traicionas...
Otra cosa que cambia con el pasar de los años es la concepción
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de “traición en la pareja”. Cuando se es joven el sexo es el
único sinónimo de traición (solo es traición si se acostó con
otra persona) pero cuando se crece, no de tamaño sino de edad
y experiencias, pues... Pues sinceramente no lo sé, porque
tengo veinticuatro años pero quizás tú si lo sepas.
Cada cosa que vivimos con otros, hace que sintamos lo que
sienten los otros. Si tu pareja está enamorada de ti y tú la
traicionas, ella sentirá el dolor que le causaste. Y también tú
sentirás el dolor que le causaste porque lo verás reflejado en
sus lacrimosos ojos.
Y entonces habrás aprendido que la felicidad de tu pareja
depende de ti, de lo que hagas, de lo que digas, de lo que
pienses. Y entonces con el pasar del tiempo te habrás dado
cuenta que ya eso no lo puedes volver a hacer, no la puedes
engañar, porque si lo haces tu pareja se pondrá triste, ergo, por
empatía, tú te pondrás triste. Es decir, que ya tu libertad inicial
se acotó. No porque tu pareja te mande a no herirle, a no
engañarle, sino que la simple empatía te obligará a ello. La
empatía hará que no quieras poner triste a otros porque sentirás
su tristeza. Y no quieres estar triste. (Quizás Kant cuando
formuló su Imperativo Categórico pensó todo esto que estoy
pensando).
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Y es esa maldita, la del difícil reflejo, la que es difícil de
ejercer (la empatía), la que hace que cada día sepamos menos
cómo ser felices.
Es tanta la empatía que he llegado a generar y a sentir que lo
curioso que me ha ocurrido hace unos meses es de no creer:
Risas, risas y más risas. Risas era lo que giraba entre nosotros y
nos atontaba el reírnos tanto.
Qué buenos amigos, me veo abrazándolos y caminando bajo el
sol.
Entre risas estábamos sentados en una plaza de ese Montevideo
del que tantos hablan y pocos viven. Sentados en un banco de
esa plaza, risueños, recordando o soñando, estábamos yo y mis
amigos escuchando el rasqueteo lejano y musical de la guitarra
de unos monjes que tirados en el pasto cantaban canciones no
religiosas. El rasqueteo de la guitarra no es lejano en el lugar
(en el espacio) sino lejano en el tiempo, porque esto pasó hace
meses. En cuanto a espacio, los monjes y su música estaban a
dos o tres sillones de tres cuerpos de distancia de nosotros (los
risueños de la plaza soleada).
Y de repente fue como si una nube gris, oscura y lluviosa, se
acercara a intentar taparnos el sol. Ella, la mujer nubosa se
Ex
acercó sin escrúpulos a nosotros. Cuando digo “sin escrúpulos”
lo hago para ponerme en tu lugar porque sé de tus prejuicios al
tener el primer contacto con alguien ajeno a tu círculo.
La mujer se acercó sin escrúpulos a nosotros pero con un
lenguaje muy cortés, educado, amable y ambicioso quizás.
Ambicioso desde el punto de vista del porqué se comunicó con
nosotros.
Ella nos lo explicó todo. Que una mujer, flaca raquítica, como
era ella...
Lo de flaca no se debía al hecho de vivir en la calle y no tener
para comer. Lo de flaca se debía seguramente al consumo de
pasta base.
Ella nos lo explicó todo, que una mujer, una dama (así se
autodenominó al presentarse), no debía andar con los cabellos
canosos. Y en ese instante sacó una pistola del bolsillo de la
campera.
Sé, por lo perjuicioso que es usted, que la pistola es para matar
o robar. Pues no, la pistola primero que nada es una
herramienta que el ser humano ideó para defenderse o para
lograr un fin que no creo que fuera matar religiosos judíos
como hizo el fascista Hitler o para matar indígenas como hizo
38
el genocida Rivera.
La mujer, en ese instante, sacó una pistola de tinta del bolsillo,
es decir, un pomo de tinta para el cabello y nos contó que en el
hospital público...
Porque en Uruguay la salud es pública, lo cual no es poca cosa.
¿O acaso crees que en todo el mundo es así? Qué iluso eres si
así lo crees.
Nos contó que en el hospital público le permiten hacerse la
tinta y bañarse.
Nosotros, encandilados por el sol, viéndola apenas como una
débil sombra, risueños, riéndonos por dentro, la mirábamos a
contra luz y asentíamos con la cabeza ante aquella historia tan
interesante. Por fin, es decir, al fin, aquella mujer que ahora
conoces, la que pasa hambre, que vive en la calle (no solo en
verano, también en el invierno), que se tiñe y baña en el
hospital público, nos hizo entender mediante palabras tristes el
fin que pretendía al haber comenzado aquella conversación con
nosotros a unos metros de los monjes que felizmente tocaban la
guitarra y cantaban. La mujer nos pidió dinero, unas monedas,
algún billete, quizás un cheque, lo que fuera. Porque tenía
hambre. El risueño de mi amigo solo atinó a darle lo poco que
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tenía en la mano.
En Uruguay se puede cultivar marihuana, Cannabis, hierba,
porro, faso, verde, yuyo, droga, falopa. Los sinónimos son
simplemente para enseñar que estas palabras significan lo
mismo. No creo necesaria esta aclaración tomando en cuenta
justamente a quien lee esto: porque sé que usted ha fumado.
No, no, no. No lo niegue. Yo ya lo sé. He vivido muchos años y
aunque cada año sé menos, eso lo sé. Qué vergilenza si lo
supieran tus padres.
Luego de que la mujer (señora, un poco canosa, flaca,
pedigijeña, hambrienta, indigente) nos pidiera dinero, mi amigo
estiró la mano para convidarla con lo poco que le quedaba en la
mano: marihuana.
Ahí fue entonces cuando mi mente hizo click y me di cuenta
que las realidades son tan diversas como los ojos que las miran.
Dije realidades, no realidad, porque creo que no hay una
realidad sino una pluralidad de representaciones del mundo en
las cuales quienes perciben los fenómenos lo hacen desde las
experiencias que han vivido. Es decir que las personas que
aprecian a las realidades como más felices y agradables son los
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niños. Bueno, y los locos. Bueno, y los poetas. Sobre todo los
niños y los poetas porque a los pobres locos los encierran, los
empastillan, los violan. Lamentable pero cierto.
Cuando mi amigo estiró la mano para convidarla con
marihuana ella se ofendió. Y así no más se lo reprochó en la
cara: “M'hijo, ¿usted ve lo que hace? ¿No escuchó que le dije
que tengo hambre? ¡Y usted me quiere convidar con
marihuana, que abre el apetito!”
La mujer, con toda su historia, ofuscada, se dio vuelta y se fue
caminando, perdiéndose entre los transeúntes, alejándose de
aquel lugar tan cálido, tan lleno de risas y de sol.
Y es entonces cuando pasó lo curioso. Me quedé pensando en
la falta de respeto que implicaba ofrecerle marihuana a alguien
que no tenía casa, que no tenía alimento. Defraudado de
nuestra manera de actuar, casi con ira hacia mí mismo, apreté
la mano dentro del bolsillo de mi campera buscando algo de
dinero... Y sentí el pomo de tinta. Lo saqué del bolsillo y me
quedé allí, solo mirándolo sin poder comprender lo que pasaba.
Instantáneamente a mi alrededor el mundo comenzó a dar
vueltas y vueltas muy velozmente. El mareo me sacudió y caí
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de súbito al suelo.
Tirado de cara al sol y sus recuerdos, en avalancha de imágenes
como fotografías, caían sobre mi cara. La avalancha
memoriosa recorrió toda su vida, desde que su Yo psicológico
había nacido hasta el presente actual (tumbada en el piso de la
plaza siendo su cara aplastada por recuerdos en fluido torrente).
La niñez: difícil, hambre, mugre, madre prostituta, padre
alcohólico ahogado en su vómito, serie de padrastros violentos
y pedófilos. Adolescencia: malas amistades, drogas, robos.
Adultez temprana: cárcel de mujeres, violación por parte de las
compañeras de celda en el baño, día de la libertad, volver a las
calles, prostitución, embarazo, aborto ilegal (la ley de aborto
legal todavía no estaba vigente), dolor abdominal fuerte,
sangre, feto en el inodoro de algún bar, hospital, pulso que
baja, que baja, que baja, la luz, luz intensa, blanca, más y más
fuerte...
La guitarra de los monjes no paraba de sonar, mis amigos
seguían riendo como si la mujer nunca hubiera estado allí
contándonos todo aquello. Miré hacia los transeúntes, hacia
donde la mujer había partido. Recorrí el horizonte con la
mirada y no la vi. Un montón de gente corría y formaban una
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ronda en torno a algo, como si alguien hubiera sufrido un
accidente y todos quisieran ver o filmar o en última instancia
ayudar si fuere necesario.
El instinto, fuerza mayor, me elevó del banco y salí corriendo
hacia la ronda de personas, aparté la gente con los brazos
abruptamente para llegar al centro y ver qué pasaba.
La mujer, un poco canosa, estaba tirada en el piso y el pomo de
tinta salía apenas del bolsillo de su campera. El mundo giró tan
rápido, el suelo me quedó de techo. La gente sobre mí rozaba
con sus cabezas mi cabeza y miraba al cuerpo de la indigente
pegada al techo, o sea, al piso de ellos. El mundo giró otra vez
y quedó normal: el piso era piso y el techo era techo. Pero yo...
Yo no quedé normal. Algo había cambiado desde el giro. El
cuerpo femenino seguía tirado, con ese pomo que ya no iba a
teñir sus cabellos, y yo lo sentía tan mío que...
Que yo estaba muerto. La empatía me llevó a sentir el
sufrimiento de la mujer, a revivir su desdichada vida y a morir
en lugar de ella.
“¿Qué pasó?” preguntaron “mis” (nuevos) amigos viéndome
salir de la irregular ronda que cercaba mi difunto, canoso,
reseco y frío cuerpo. Los abracé y yéndonos a contra luz les
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dije “ahora sí convídenme con marihuana que aunque tengo
hambre... ya no tengo canas”.
-¿Qué?
-Nada nada, vámonos a 18 de julio a recorrer el centro que
tengo ganas de gastar toda esta plata que tengo en el bolsillo.
Obviamente, el bolsillo lleno de plata era mucho mejor que una
panza llena de hambre y un bolsillo relleno, apenas, con un
pomo de tinta.
“Viejos, cansados, sabiendo cada día menos de la vida (...)” (El
pozo, Onetti. P. 16)
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¿Qué es educar?
Muchas personas asocian la educación a una forma de
acercarse a la libertad. Al que se educa se le enseña cosas que
antes no sabía y estas le permiten tener acceso a una gama más
amplia de posibilidades de elección.
Pero la educación puede ser, en malas manos, asociada también
a una forma efectiva de esclavizar a los que son educados.
Los educandos' adquieren nuevas formas de percibir la realidad
que los circunda y nuevas formas de relacionarse y analizar a
las personas que los rodean. La educación moldea
concepciones de lo que es el amor, de la forma correcta de
amar y del tipo de sujeto al que se debe amar.
Muchos dicen que la política es omnipresente?, que es
transversal a la vida del ser humano. Y es cierto, estoy
totalmente de acuerdo que hacer política no es solo presentarse
cada cinco años a hacer cola hasta que llegue tu turno: el turno
de abrir un sobre impersonal amarillento y meter dentro una
lista con unos colores y unos símbolos de los cuales casi nadie
conoce la historia (¿Cuál es la historia del Frente Amplio?
1 Educando: sujeto que recibe educación.
2 Onmnipresente: que está presente en todo.
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¿Cuál es la historia del Partido Colorado? ¿Cuál es la historia
del Partido Nacional? ¿Cuál es la historia de los otros partidos
políticos?). Igual debemos darnos cuenta de que esa
oportunidad de elegir a los que representarán a la mayoría del
país es una oportunidad que debemos celebrar y ganar de forma
responsable. ¿Qué sentido tiene votar si vas a votar en blanco?
Votando en blanco tu voto se suma a la lista que tenga más
votos. Quizás justamente a esa lista es que no querías votar. Por
lo menos hacé que tu voto se anule (meté una lista rota, o meté
más de una lista o una rodaja de mortadela igual) y si el
porcentaje de votos anulados es muy alto entonces significa
que nosotros, la población, no estamos confiando en ninguno
de los que se postulan.
Sí, la política es transversal a cada faceta de nuestra vida. La
política no es solo votar, no es solo decir apoyo la ideología de
tal partido una vez por quinquenio.
Cuando ese hombre golpeó a la que era su pareja hasta matarla
por haberle sido infiel claramente él tenía una visión política,
un modo de actuar avalado por un arsenal de valores y
costumbres que lo llevaron a pensar que golpearla no estaba
mal. Digo “arsenal” porque las costumbres si no son pensadas
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y cuestionadas pueden ser un arma como ha sucedido con los
femicidios. Y habrá quien diga “él la mató porque ella le fue
infiel”. Y es entonces cuando me pregunto ¿qué es ser infiel?
¿Estar con otra persona es ser infiel? ¿Él no está siendo infiel a
su “amor” por ella al golpearla hasta matarla?
Pues más allá de la opinión que el lector pueda tener hay que
asegurar que la concepción de la pareja, la concepción de lo
que es infidelidad, la concepción de los diferentes tipos de
parejas que puede haber (hetero, bi, homo, swinger,
monogámica, poligámica, etc.) son un producto social.
Entre todos vamos eligiendo lo correcto y lo que no lo es.
Elegimos censurar formas de ser, de pensar y de actuar a través
del uso de chistes que enmascaran profundas verdades (como
dijo Freud: “Todo chiste en el fondo encubre una verdad”).
Mediante chistes censuramos al que es gay, censuramos al que
prefiere leer antes que ir a un baile, censuramos al que prefiere
practicar un arte antes que salir a beber. A través de la violencia
física censuramos a quien actúa como no debe (como creemos
que no debe actuar). A través de la violencia psicológica
censuramos metódicamente, poquito a poquito, para que se dé
cuenta que como es no debe ser.
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También elegimos censurar o avalar formas de ser, de pensar y
de sentir mediante la educación. La educación elige una
porción del lenguaje usado en un territorio y lo avala como
lengua estándar que es la que todos deben aprender para
“hablar bien”.
La educación elige formas de ser correctas y las reproduce. Es
a partir de estas formas “correctas” de ser que podemos afirmar
que un estudiante es muy inquieto, que es un mal educado o
que es un alumno modelo.
La educación de hoy no debe buscar solo decir esto está mal y
esto está bien, debe buscar comprender por qué una persona se
comporta de cierta manera ya que nuestro comportamiento está
sujeto al contexto en que vivimos.
El paradigma actual de la educación uruguaya se enmarca en la
aceptación e inclusión diversa.
Vivimos en una sociedad donde las ciudades no paran de
crecer. Cada vez somos más y más los que nos cruzamos en las
calles, los que vivimos unos frente a otros. Somos un montón
de personas y el espacio geográfico nos empieza a quedar
chico.
Por estas razones debemos aprender a respetar a todo ese
montón de personas que cruzamos a diario con los que a veces
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interactuamos. Por eso la educación busca la aceptación de las
diversidades (sexuales, culturales, religiosas, lingilísticas, de
capacidades, entre otras).
Este tipo de educación pretende que la persona se sienta bien
cuando hace sentir bien a los demás. Se pretende que la
persona deba aceptar a los demás para sentir que realmente
puede ser aceptada. Se pretende que la persona sepa que para
no ser discriminada no debe discriminar.
En fin, se educa para la empatía. Aunque las leyes a veces no
fueron creadas para la empatía. Los más de cien legisladores
que tenemos cobran 25.000 pesos por mes de partida de prensa
(que no gastan en diarios, revistas y libros técnicos como
deberían) aparte del sueldo (cien mil y pico de pesos más). Los
más de cien legisladores que tenemos no sienten empatía con
los más de 700.000 uruguayos que cobran por mes 12.000
pesos. Danilo Astori gana 12.000 pesos también... pero por día.
¡Doce mil pesos por día! ¿En qué se gastan la plata estos tipos?
Sí, yo también tengo imaginación para inventar en qué gastar la
plata del pueblo pero ¿dónde está la educación de esta gente?
Ellos no fueron educados en una pedagogía de la liberación y
de la empatía. No fueron educados para tener un pensamiento
en el que te sientas libre cuando todos seamos libres, que te
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sientas bien cuando todos nos sintamos bien. No, ellos: los de
arriba, a los que les confiamos el voto cada cinco años piensan
solo en ellos y en sus familias, familias latifundistas que se
están comprando toda la tierra con la plata que les damos de
sueldo. ¿Qué estamos esperando? ¿Estamos esperando que
pase como en Perú? ¿Que las tierras las tengan unos pocos y el
resto nos muramos de hambre? Pero es obvio que si te toca ese
sueldo no te vas a quejar (cien mil y pico por mes mínimo) y
menos si el que modifica los sueldos es el mismo legislador
que crea las leyes (¿harías como legislador un ley para ganar
menos?). Si queremos que algo cambie hay que cambiar las
leyes, no hay de otra. La misma ley tiene que regular el
despilfarro de dinero.
Este tipo de educación, la de la liberación (me siento bien si te
sientes bien, me siento libre si todos somos libres) es la que
seguramente el lector prefería para sí mismo y para todas las
demás personas porque es una educación basada en unos
valores, en una ética, que busca la libertad del educando y
busca que este esparza esa libertad a todos los que conoce. José
Luis Rebellato, filósofo uruguayo fallecido en 1999, en su obra
Ética de la liberación, nos dice que hay un tipo de pedagogía a
la que llama Pedagogía de la Liberación. Lo que él plantea es
50
que la educación es un arma de liberación para la población (es
lo que mencionábamos al principio, que para muchos la
educación nos acerca a la libertad). Pero para que la educación
logre servir como liberadora debe surgir desde la gente (bottom
up, de abajo hacia arriba, que la gente busque y exija esa
educación liberadora), debe ser una educación contextualizada
y avalada por quienes son educados. Es decir, que primero se
debe hablar con los educandos para conocer cuál es su sistema
ético, cuáles son los valores que ellos aceptan como propios de
su comunidad, para a partir de esto comenzar una educación
consciente. Una educación consciente en el sentido de que
tanto el educador como el educando saben de dónde se parte y
hacia dónde se pretende dirigir el acto educativo.
Cuando el uruguayo se da cuenta de que tiene algunos actos
machistas y que por esto hay un inmenso porcentaje de
personas afectadas (las mujeres) es entonces cuando se puede
recién planificar una educación con el fin de lograr una equidad
entre hombres y mujeres recordando que no somos algo
distinto, recordando que somos las dos partes unitarias de la
misma cosa: la humanidad, esta humanidad a la que si no nos
unimos vamos a destruir.
Este tipo de educación basada en la libertad, basada en ser
Al
conscientes tanto los educadores como los educandos,
educación en la que se reproduzcan modelos de ser humano
solidario para consigo mismo y para con los demás, supongo
que todos deberíamos estar de acuerdo en que es un modelo de
educación aceptable y preferible para nuestros futuros vecinos,
esos niños que se están educando hoy y que cuando crezcan
van a ser el resultado de la educación que tengan hoy.
Quizá el lector ha pensado mientras leyó todo esto que me he
referido a una educación brindada en los jardines de infantes,
en la escuela, el liceo, la U.T.U., las Facultades u otro tipo de
educación formal. Pero no, la educación a la que me he
referido en este breve ensayo es a la educación formal sí, pero
también a la educación familiar, a la educación que nos
muestran las personas en la calle, a la educación que irradian
constantemente los medios de comunicación a los que chicos y
grandes estamos constantemente expuestos.
32
Conclusión
Acelero a brindar una conclusión a este breve ensayo porque sé
que el lector es un sujeto posmoderno y como tal está muy
apurado (o cree estarlo).
La educación no es solo la formal, primaria, secundaria,
terciaria y posgrados.
La política no es solo los partidos políticos y sus campañas
costosísimas cada cinco años.
El filósofo uruguayo Rebellato nos dice que la educación y la
política están estrechamente en contacto. Quiero poner un
ejemplo uruguayo (campaña que se ha desarrollado en muchos
países, no solo en el nuestro): las computadoras Ceibal. Estas
pertenecen a un proyecto político partidario y a un proyecto de
educación nacional. Hoy en el imaginario social que nos
formamos sobre los niños escolares los imaginamos con la
túnica, la moña... y la Ceibal. Parece una tontería pero no lo es
porque demuestra la conexión entre política y educación. Esta
conexión está cosida con hilos de valores éticos y con hilos de
dinero invertido. Hago referencia al dinero porque es lo que
más le duele a todos cuando se habla de que un proyecto no
resultó. A muchos no les importa que en tal proyecto los niños
53
no hayan aprendido a compartir o a amar de manera sana y
divertida sino que lo que importa es que se invirtió para tal
proyecto tanto dinero y como no resultó es ahora dinero
perdido.
La educación entonces no es solo lo que los medios masivos de
comunicación nos muestran, generando en nosotros pavor,
miedo, desilusión y desesperanza. Es darnos cuenta de una vez
por todas que la educación es esto, es que estés leyendo lo que
alguien, un vecino tuyo, piensa sobre qué es educar. Y es darte
cuenta que podés decirme lo que quieras respecto a todo esto
porque si no me lo decís me estás privando de una gran opinión
que ayudaría a hacer de mí un ser humano más educado. Es
darnos cuenta que ver a una persona chuponeando y
manoseánose en la calle quizá no sea tan malo porque esa es la
única forma de contrarrestar todas las imágenes horrorosas de
guerra y sangre que tenemos grabadas en nuestras mentes
(gracias a los medios masivos de comunicación). Es darnos
cuenta de que ver que papá tiene novio y es feliz así nos hace
aprender a respetar desde el amor a las personas gay. Y es
darnos cuenta de que si mamá cometió un error y estuvo con
otro hombre, papá la perdonó y aprendimos ahí que el perdón
es una de las cosas más grande y más difíciles de manifestar y
54
de interiorizar como parte de nuestros valores y de nuestra
forma de ser.
Pero es también darnos cuenta de que política no es solo votar
al que puso la mejor canción rompiendo nuestras siestas
durante dos meses gritando una canción pegadiza que no dice
nada. Generalmente estas canciones dicen: Vamos Mengano o
vamos Sultano (simula un “Vamo arriba” o un “Vamo Uruguay
no más”). Otras dicen que somos ya y ahora (te dicen que vivas
el presente, no te preocupes por el futuro porque no vas a tener
un futuro bueno).
Hacer política es hablar constantemente de esta, de cómo están
haciendo las cosas nuestros representantes y si vemos que las
están haciendo mal poder sacarlos. Es poder sacarlos si están
haciendo las cosas mal y no tener que esperar que pasen cinco
años para sacarlos. Basta de diplomacia, de ver que hay un tipo
que te funde un país y que nadie lo saca o que esperan a que
renuncie y se lleve tremendo fango de guita como subsidio. No
puede ser pero es. Y es porque la política más importante, la de
todos los días, no la estamos haciendo. Estamos dejando que un
conjunto reducido de aristócratas “técnicos” en política nos
digan “no, vos no sabés de política, es un asunto muy delicado,
dejalo en nuestras manos”.
39
Dos consejos: recuerda que educar es un proceso que se lleva a
cabo desde el nacimiento hasta la muerte y que no hay salón
para enseñar. La escuela es muy grande y se llama planeta
Tierra.
Y recuerda que la política y la democracia se defienden todos
los días, que no hay que tener vergúenza por ser de un partido o
del otro, pero que hay que aceptar a quienes no son de tu
partido y ponen sus esperanzas en otros que no tienen tu misma
ideología.
La democracia la hacemos todos.
En la democracia vive una diversidad de personas que sienten
las mismas cosas que tú (dolor, amor, pasión, ganas de ayudar).
Pero sobre todo aprendé a perdonar al otro porque los seres
humanos, así como la sociedad toda, somos contradictorios y
cuando alguien te dice “te odio” quizás tenga un mal día y al
día siguiente vuelva y te abrace y te diga: te amo, perdoname.
Si leíste todo esto, es un pequeño paso para el mundo pero es
un gran paso para ti.
56
Uruguayos, y sobre todo, uruguayas
Estaba chupando un cigarrillo, encorvado, en la esquina de
una plaza. Así lo conocí. Su aspecto era llamativo, una gran
cúpula de rulos (dominados con una bandana) abrigaba su
cabeza. Tenía a su lado una guitarra con la que cinco minutos
después acompañaría el relato más exótico y atrapante que
jamás pensé oír.
Me acerqué caminando y al pasar le saludé.
-¿Cómo anda? -me contestó y siguió imaginando un mundo de
ideas locas. Realmente locas. Mundos nocturnos llenos de
magia y música psicodélica, altamente adictiva.
Me senté a unos metros de él y mirando hacia otro lado
(disimulando) lo escuchaba. Desenfundó la onírica' guitarra en
la que se dibujaban personajes famosos en 3D y comenzó a
afinarla.
-El rock and roll no morirá jamás -dijo mirando al cielo pintado
con nubes y comenzó a tocar tarareando una exquisita melodía.
Sentado en mi mismo lugar me di media vuelta para
observarlo y escuchar mejor aquella deshidratante melodía, en
1 Onírico: relacionado a los sueños.
7
la que el amor y el odio danzaban el vals de la vida.
Sin dejar de bailar con los dedos sobre el instrumento,
llenando la plaza con sonidos coloridos, me miró de reojo y me
hizo una seña para que me acercara a él.
Con la música acompañando toda nuestra conversación me
preguntó:
-¿Cómo te llamás?
-Federico.
-¿Qué vienes a buscar?-
-La música.
-Pues no te la daré, mucho me costó hasta que la encontré.
-No te la quiero robar, solo he de escuchar.
-No necesito público, no toco por fama, no es algo lúdico, ni
para llenar mi cama. Yo hablo con el viento y le cuento lo que
siento y silbando... silbando me responde.
Y comenzó a silbar una bella tonada acompañada por
guitarra. Sentí violines, trompetas y hasta el sonido de un arpa.
Aunque allí solo había una guitarra.
Sin dejar de tocar comenzóme a contar una historia en la que
una madre era abandonada por su marido, muy mujeriego.
La madre lo es todo, de la madre se nace, por la madre se
muere, a la madre se la defiende, igual que a todas las mujeres.
58
Son finas y con clase como en la música los compases, si se las
trata muy de prisa se las arruina, como hacen los críticos con el
arte.
No pretendo describirlas, amigo mío y oyente, pero si usted
fuera prudente saberlo debería. Son la luna de la noche y el sol
del bello día. Con ellas nos guiamos, nos calentamos, son de
ellas nuestros ojos y cuando se puede, son de ellas nuestras
manos.
Son de ellas nuestra lengua y aún así les gritamos, las
maltratamos, las despreciamos. ¿Hasta cuándo, mi querido
amigo y hermano? ¿Hasta cuándo? Porque el hombre cuando
es débil, en ellas busca la autoestima, pero cuando el débil se
hace fuerte ya las subestima y ninguna está a su cima. Ninguna
lo llena, ninguna es buena, y de las mujeres que son fuertes con
otros ríe como hiena, a boca llena.
“Miralo a aquél, es un pollerita. Mirale la cabeza, tiene
marcada la suelita”.
Ese que se ríe y critica al de al lado, le falta una mujer. Una
buena mujer que lo llene de placer, así se deja de joder. Y
cuando la encuentre va a temer, no la va a querer perder. Y es
entonces cuando empieza a ejercer su poder. Poder que no se
ha ganado, ni siquiera lo ha alquilado. Es un poder regalado
59
que desde siempre ha heredado. El hombre manda y la mujer
acata. El hombre manda y la mujer nada. ¡El hombre manda!
¿Y por qué manda? Porque la calla. Porque con solo una
mirada la hace sentir minusválida. Y porque con solo una
palabra hacia ella brotan carcajadas.
Puta. Esa es la llave que el hombre inventó. La puta se viste
así, habla así, se mueve así y piensa así. Ser puta no es bueno.
Entonces para no ser puta hay una lista casi infinita de cosas
que no podés hacer. No podés escribir, no podés votar, no
podés trabajar ni mi mismo sueldo ganar, porque si no ¿Quién
va a limpiar? ¿Quién va a cocinar? ¿Quién va a nuestros hijos
criar?
Ellas crían, cocinan, lavan, y hoy por suerte también trabajan.
Pero ellas trabajan, crían, cocinan y lavan. Y el hombre...
Bueno, el hombre trabaja, se cansa, llega a la casa y se
descalza.
Si las mujeres se fueran y de cero comenzaran, un continente
solo para ellas en el que a sus hijos criaran, educaran y les
enseñaran el valor de la mujer, de la cooperación, de ayudarla
en el hogar, de entender la menstruación, de respetar, de
respetar y respetar, los hombres no serían como son.
Pero... ¡Ese continente es en el que vivimos! ¡No debemos
60
buscarlo más! Debemos educar a los hombres e inculcar el
respeto a la mujer para que este sueño hecho canción deje de
sonar solo en mi guitarra.
Atónito ante tales palabras me levanté y me ful.
Llegué a mi casa, saludé a mamá que estaba lavando el piso y
con cariño me dijo “por la orillita que está recién lavado”
-Si, mamá.
Me senté junto a papá a mirar la tele, sonaba un discurso
conocido: “Uruguayos, uruguayas...”
¿Uruguayos? ¿Uruguayas? Opa, pero si las mujeres están
siendo incluidas.
Si solo con las palabras bastara...
61
AL,
ebook
U
a
1
(“>
Facebook
Todas las personas de mi ciudad estaban furiosas conmigo
porque yo no quería tener Facebook.
-¡No, vecina, no voy a agregarla a mis amigos porque no voy a
tener Facebook!
-Ay Dios mío -dijo la anciana haciéndose la señal de la cruz y
besándose los dedos.
Estaba en una parada de ómnibus, esperando el de las 7:30 para
ir a estudiar. El hombre que estaba al lado de la anciana me
miraba furioso, hasta que me dijo no más:
-¿Pero quién te pensás que sos? ¿Te crees una estrella? ¿Te
crees que por no tener Facebook sos qué? ¿Sabés lo que sos?
¡Sos un nabo! Te crees revolucionario y estás por fuera de toda
revolución, nabo.
El hombre, semi calvo, con el logo de Facebook tatuado en el
brazo, levantó su puño y sin clemencia me lo bajó como un
mazazo en la cabeza.
Enfurecido con el viejo calvo y estúpido que osaba golpearme,
me levanté dispuesto a tomar venganza. Pero decidí no hacerlo
cuando vi que detrás del hombre comenzaba a amontonarse
gente.
-¿Y? -me preguntó el hombre semi calvo- ¿Te vas a hacer un
Facebook, o no?- y me sacudía frente a la cara su celular
ofreciéndomelo para que me hiciera una cuenta.
-Decí que sí, más te vale que digas que sí -decía un matón todo
tatuado, tenía el logo de Twitter tatuado en el cuello, el de
Instagram y el de Facebook en el brazo derecho, el de
Whatsaap en el otro.
Mis ojos miraban a todas la personas que se comenzaban a
63
agolpar sobre mí insistiendo en que debía tener Facebook.
Algunos se hacían sonar los dedos de las manos de manera
amenazadora mientras me miraban y se me acercaban de
manera lenta.
-¡¿Qué es eso?! -Grité señalando hacia atrás de la multitud que
me acosaba.
En cuanto dieron vuelta la cabeza para mirar salí corriendo lo
más rápido que pude. Mi mochila quedó en la parada pero no
me importó.
-Allá va, dobló hacia el callejón, no tiene salida -oí que
gritaban mientras salían tras de mí. Tenían razón, no tenía
salida, estaba tan nervioso que me metí al único callejón sin
salida de toda la ciudad.
Los gritos de la muchedumbre resonaban contra las altas
paredes del callejón y allá arriba se perdían desde donde los
edificios no dejaban llegar la luz del sol hasta el suelo en el que
me acorralaban.
-¿Así que no querés tener Facebook, he?
-Ja ja ja ja ja.
-No quiere tener Facebook, compañeros.
-Ja ja ja ja ja.
-¿Alguien sabe lo que les hacemos a los que no nos agregan?
-Yo sé, yo sé. Los matamos a palo.
Todos gritaron como locos:
-¿Y todos saben lo que les hacemos a los que no quieren tener
redes sociales?
-Yo sé, yo sé. Ja ja jaja. A esos los...
Me encontraron temblando contra la pared, acorralado. Todos
filmaban y subían fotos instantáneamente.
En Facebook e Instagram aparecían fotos de mí contra la pared
con el título de “Cagón, versión gráfica” o “acorralado como
64
los que no tienen Facebook”.
Miles de Me gusta, Me encanta.
Pero yo no iba a dejar que me atacaran.
Desprendí mi camisa y la R de Súper Revolucionario se dejó
ver. Los cegué abriendo un libro y salí volando hacia el cielo...
-Adiós ciber tontos, ja ja ja.
Y así, Súper Revolucionario se fue a vivir a una biblioteca
municipal y vivió Feliz para siempre.
10
-Uy, pero que chorrada, papá, es la peor historia que nos has
leído.
-Ay nene, vos porque no tenés cultura. En esta historia hay una
gran crítica social. Ta, sé que el final ese... ¡Por dios! Pero me
pareció interesante.
-¿Y quién lo escribió? ¿Es alguien famoso como Quino aunque
sea?
-Y no, como que famoso no es pero...
-¿Pero qué, papá? Jajajaja. Te encanta leer ese diario que ya
pasó de moda y sigue saliendo, ¿eh? Jajajaj.
-Dale, dale, “pasado de moda”. Andá a estudiar y haceme sentir
orgulloso que ya estoy viejo como para aguantar a un mocoso
que se cree más listo que su padre.
-Dale pa, un beso en la pelada, muaaa, y nos vemooos.
-¿Y a vos, hija? ¿Qué te pasa?
-Nada, pa, es que Marcel le pone Me gusta en todas las fotos a
Mariana.
-Ah, pero mirá vos, y este me decía que el Diario Facebook
había pasado de moda.
65
-Sí, pa, mirá, fijate.
Melisa le sacó el diario Facebook a su padre de las manos y
corriendo las páginas lo abrió por la mitad y le mostró las
imágenes de la gente de su pueblo. Allí se veía a Mariana,
chica de doce años, con una minifalda muy corta, al nivel que
casi se le veía la bombacha.
-Qué horror, qué asco. ¿Y los padres no le dicen nada?
-¿Qué le van a decir, pa? ¿Que no le dé Me gusta a otras
porque tiene novia? PfFf.
-A él no m'hija. A ella. ¿Cómo van a dejar andar a una niña con
esas polleras tan cortas. Y encima subiendo fotos. ¡Eso es casi
porno!
-Ay, no entendés nada, pa. Chau.
Melisa agarró la mochila y sin desayunar, apenada porque
Marcel, su novio de trece años, le daba Me gusta a las fotos de
otra chica, se fue para el liceo.
El padre se quedó allí, disfrutando de la hermosa mañana con
el diario Facebook entre sus manos.
-¿Cuál foto será la que tiene más Me gusta hoy?
Abrió el diario en la tercera página y descubrió que la foto con
más Me gusta era la de una famosa en la playa, tomando sol sin
maya.
Siguió leyendo.
No. No podía ser. No. ¿O sí? ¿Era ella? Nooooo. Paaaah, y qué
linda que está ahora, no te lo puedo creer.
Efectivamente, era ella, Lilian, la chica que había sido su novia
en los primeros años de liceo.
¿Qué será de ella?
-“No lo hagas, tienes esposa”.
-¿Qué? ¿Quién anda ahí?
66
-“Ahí no, aquí. Ahí no, aquí adentro. Soy tu conciencia”.
-Ah buenoo. Estoy quedando loquísimo.
“Solo recuérdalo, tienes esposa, tienes un hogar, tienes un hijo
al que no le gustó la historia que leíste hoy sobre Súper
Revolucionario, tienes una hija que se siente mal porque su
noviecito le da Me gusta a otra. ¿Vale la pena perder todo eso?
Solo piénsalo”.
Él se quedó un rato largo, con el periódico en la mano,
pensando si enviar o no la solicitud de amistad a Lilian, su ex
noviecita.
Finalmente su dedo se aproximó demasiado a la página del
diario y la solicitud quedó enviada.
Luego de esto entró a ver sus fotos, a ver qué había sido de ella
en todos estos años.
Dos hijas, un perro caniche blanco, vacaciones, trabajo, todo
estaba allí. Y qué hermosa que estaba. Había cambiado y
mucho, pero para bien, muy bien.
Un sonido digital le avisó que un chat se había abierto. Era
Lilian.
-Hola bombón, tantos años, qué es de tu vida?
Él quedó atónito, nunca se esperó que ella le escribiera.
-Hola Lili, todo bien. ¿Y tú?
-Bien, hace poco me divorcié :(
-Uy, lamento oír eso. Cualquier cosa a las órdenes.
-Mañana hay un evento, lo publiqué aquí en mi Facebook, si
quieres ve y nos encontramos y tomamos un café o lo que
gustes.
-A ver, dame cinco minutos y lo chequeo.
Robert cambió unas páginas del diario, ingresó en el perfil de
Lilian y allí estaba lo del evento. Le dio Me gusta.
67
-Me encantaría ir, allí estaré mañana. Podemos ir a un café
cercano que hacen unos deliciosos capuchinos.
-Muy bien, guapo, te espero. Muaa.
-Allí estaré, no faltes jaja.
-No lo haré.
Robert quedó en un ruido. No sabía qué estaba haciendo, pero
le gustaba.
Allí se quedó, en la misma cocina de la que no se había
movido, comiendo una tostada y cambiando las páginas de
Facebook, el diario que “pasó de moda” según su hijo, y que
ahora lo acercaba a él con su antiguo amor, la bella y fogosa
Lilian.
El día pasó rápido, él fue a comprar una camisa para la ocasión,
un perfume nuevo y un pantalón que según la vendedora lo
hacía lucir muy bien.
Esa noche se dio un baño que duró una hora. Una hora que
estuvo cantando sin parar.
-¿Qué pasa aquí? -pensó su esposa parada tras la puerta
escuchando a su esposo cantar como un pájaro enamorado.
Claro que lo averiguaría.
A la mañana siguiente Robert se levantó, se perfumó.
Desayunó. Leía el diario Facebook y esperaba que Lilian le
escribiera algo. Y así fue, tras un sonido digital el chat se abrió.
-Hola guapo. Vienes? Ya estoy aquí.
-Sí, ya voy.
68
-¿A dónde vas? -la voz provenía de detrás de su cabeza. “Que
sea mi conciencia, que sea mi conciencia”.
-Aaah, amoor. Mira quien me escribió. ¿Recuerdas a Lilian?
-Tu ex novia. Sí, claro que la recuerdo.
-Emm, sí. Me escribió que anda en la ciudad en un evento y ta,
no pensé que te molestara que fuera.
-No, no me molesta.
-Bueno, dame un beso que me voy, amor.
-No no. Esperame que voy contigo.
Y así partió Robert, ahora junto a su esposa, al encuentro de
Lilian, su ex noviecita fogosa y bellísima.
Pero vaya sorpresa se iba a llevar Robert cuando la viera.
La diferencia entre la hermosa Lilian de las fotos del Diario
Facebook y la verdadera Lilian, fuera de Facebook, era
realmente gigante.
Luego del encuentro, del café y de la charla, Robert y su esposa
se fueron en el auto.
-¡Pero qué linda que está tu ex! ¿Eh? Jajaja. Pero bueno, cosas
que pasan (dijo Larralde). Cuando uno zorrea en un periódico
lleno de apariencias...
-Sí, amor, tenés razón. ¿Sabés qué? Borrame del periódico
Facebook y suscribime al diario Brecha mejor.
-Me parece buena idea. Ahora sí estás pensando como un
adulto. Dejemos esta pelea y vamos a buscar a los chicos que
hoy tienen gimnasia.
69
La onda
¿Qué es lo que debo sentir? Si ya nadie siente nada. En los
telenoticieros se muestra mucha muerte, síntoma de la
insensibilidad causada por la desigualdad. En los telenoticieros
se muestra mucha lluvia, mucha agua. La gente llorando
porque sus cosas se van flotando. Y lo que no se va flotando es
robado por los botechorros. Se entrevista a un hombre, entre
tantos, que se queda en el techo de la casa todas las noches,
ojeroso, cansado, con hambre, cuidando las pocas y pobres
cosas que le quedan. Los botechorros ríen al pasar frente a su
casa. Ríen porque el hombre está cansado y sigue firme
cuidando lo poco que tiene para él y su familia. Ríen porque no
quieren robarlo, porque si quisieran lo matarían y nadie haría
nada al respecto.
En los telenoticieros se muestran mujeres llorando. Sus
maridos no están para cuidarlas, se han ido a defender otras
patrias vestidos de militares, a ver otras pobrezas, otras
hambres, otros dolores.
Los niños no saben qué camino seguir y los padres no saben
qué camino mostrarles. ¿La escuela para qué si no hay trabajo
al cual servir?
En una casa humilde, un poco sucia, con goteras, la madre está
mirando el informativo, absorta y temerosa, esperando la
noticia sobre militares que están en otras patrias con cascos
azules. Espera la noticia bendita que diga que su marido está
volviendo de aquella tierra llena de virus incurables. Que
vuelva, que vuelva a abrazarme, a abrazarnos, necesito su calor
y la seguridad que su pecho me daba.
El niño no ha ido a la escuela hace mucho tiempo pero ha
absorbido el ambiente tenso que se vive. La madre está absorta,
con los dedos cruzados (cábala), mirando el informativo que
70
despide imágenes inmundas y hace de esa casa, a la que dentro
de poco el agua ha de alcanzar, un lugar aún más inmundo.
-¿Será que se viene, mamá? ¿Será que se viene?
-No lo sé, hijo, no lo sé, dejá escuchar.
El informativista mira desde la tele y su gesto indica
desesperación. Se afloja la corbata y deja caer la mirada antes
de dar la noticia:
“Desde Korea del norte, queridos espectadores, se ha levantado
una ola de miedo. Nadie sabe si alguien saldrá ileso. Ya
dispusieron tres mil cabezas atómicas para ser lanzadas en
menos de dos horas. La O.N.U. está reunida de urgencia. El
dictador Norcoreano, al sentirse acorralado, tiene el botón rojo
al alcance del dedo. Y todo parece indicar que no teme
presionarlo.
En este momento me informan, queridos televidentes, que
Estados Unidos de América ha lanzado trescientas cabezas
nucleares hacia Korea del Norte y... Ay no. NO. Korea ya
apretó el botón rojo. Las tres mil cabezas nucleares ya están en
camino hacia sus objetivos dispersos en todo el mund...”
Un silbido lejano, similar al soplido del viento, se hace cada
vez más intenso. La madre mira hacia la ventana.
-¿Qué pasó mamá? ¿Por qué se cortó la transmisión?
-Sh, callate, escuchá. ¿Qué es ese silbido?
El silbido se sentía claramente y su sonido se incrementaba
rápidamente.
El temblor comenzó lento, como lejano, pero incrementó tanto
y tan aprisa que el miedo me heló y corrí a abrazarme a mi
madre. Y los dos mirando hacia la ventana vimos la onda, con
sangre explotada, que venía devastando todo.
Mirándonos a los ojos:
-Chau, mamá.
-Chau, hijo, te am...
Al
Fuuuuuuuuvuv vu UU UU UU UU UU UU UU UU UU Ush (la
onda pasó).
J2
Dictadura
No quiero que les pase nada. No quiero. No quiero que los
lastimen. No quiero.
“Hacé silencio, hijo” me dijo mamá. Y se fue. Me dejó oculto
en este cuarto oscuro en el que no me veo ni las manos. No
quiero que le pase nada, pero no sé si eso se cumpla. No puedo
ver las estrellas fugaces para pedirles el deseo de volver a ver a
mis padres.
“Hacé silencio, hijo” me dijo y al irse escuché a los policías
que le gritaban. Ella no gritó. Pero estoy casi seguro que le
pegaron, que le hicieron cualquier cosa. No debe ningún ser
humano someter a otro. Además yo no sabía por qué tenía que
esconderme, por qué tenían que tratar mal a mamá. Mis padres
y yo vivíamos felices, ellos trabajaban mucho y siempre se
llevaban bien.
Esa misma tarde estaba yo jugando en el fondo con un camión
de madera que papá me fabricó con sus propias manos y
llegaron los policías. Papá se despidió de mí sonriendo y
entrando en esa camioneta oscura. “Decile a mamá que me fui
con la policía” me gritó alegremente. Las cosas que hacen los
E
padres para que sus hijos no veamos su sufrimiento.
Cuando se lo dije a mamá quedó pálida y le brillaron húmedos
los ojos. Mamá amaba tanto a papá que de solo imaginarse lo
que le iban a hacer se le dobló el corazón y no lloró solo
porque yo estaba allí.
La rabia contenida es una bomba que te autodestruye. Las
personas deberían trabajar mucho, amar y tratar bien a las
personas, pero esta época oscura me demostró que hay seres
humanos que tienen la habilidad para ser malvados y hacer que
otros sean malvados por ellos.
Esa noche, después de que se llevaron a papá, la casa estaba en
silencio, mamá cocinó algo. Ella tenía ganas de llorar, lo sé. Se
sentó conmigo en el sillón y leímos en silencio un libro que
hablaba de la libertad de los pájaros. No pronunciamos una
palabra pero ella me abrazaba, me acariciaba el pelo, me daba
besos en la cabeza y en la frente.
Se sintió el frenar de un auto en la calle, frente a casa. “Es
papá” le dije a mamá mirándola.
Ella me arrastró rápido al cuartito de arriba y me dio el más
triste beso y me dijo “Hacé silencio, hijo”. Cerró la puerta y
nunca regresó.
74
Historia de la Historia
Lectores contemporáneos:
He visto correr la historia desde el blanco y negro hacia el
color. He visto transcurrir los hechos históricos unos tras otros
apilándose formando este gusano cósmico llamado tiempo. He
visto la historia doblarse sobre sí misma y pasar como páginas
amarillas rápidamente hasta este último capítulo.
Ciudadanos del dos mil: he leído libros tras libros donde se
muestra que lo que hoy llamamos naciones no siempre fueron
“naciones”. Década tras década me alejo en el tiempo y veo
este orden mundial descomponerse, deformarse, volver a sus
cimientos. Virreinatos, pueblos como unidades corporativas,
colonizaciones, muerte, hurtos multimillonarios a mano armada
contra “niños desnudos”, “descubrimientos” de continentes,
mugre, absolutismos, guerras, imperios, pueblos separados por
barreras de distancias.
He leído eruditos tras eruditos mejorar las teorías históricas,
volverlas más “objetivas” sabiendo que hacen una construcción
y deconstrucción subjetivas. Los he visto caer en anacronismos
y errarle feo. Eruditos tras eruditos han mejorado esta gran
13
película llamada Historia Universal en la que han colaborado
TODAS las ciencias y disciplinas auxiliares al servicio del
conocimiento. Físicos, historiadores, lingúistas, geógrafos,
matemáticos, biólogos y todo tipo de expertos en el arte de la
manipulación literaria. Todos han aportado su granito o su
palada de datos y reflexiones.
Los derechos han mutado. Las obligaciones han mutado. El
planeta ha mutado. Y es impresionante, queridos lectores
contemporáneos, la velocidad que han tomado estas
mutaciones en los últimos 300, 200, 100, 50 años. Los
derechos y obligaciones es una BESTIALIDAD lo que han
cambiado. La forma de relacionarse las personas, el avance de
la medicina, el autoconocimiento de la psiche, de la mente.
El tiempo ha avanzado de una extraña manera, y somos átomos
perdidos en la entropía.
“Todo tiempo pasado siempre fue mejor”.
¡MENTIRA!
“El futuro llegó hace rato”.
¡MENTIRA!
Somos fugaces como el leve tic-tac de un reloj que dejó de
funcionar hace años y se perdió en el tiempo.
76
Ciudadanos del dos mil: dejen de llorar por nimiedades, por
conflictos pequeños y sin sentido. Disfruten de la diversidad,
sean capaces de percibir belleza en cada acto. Carpe diem:
nunca tuvo más vigencia esta frase latina que hoy en día.
Estamos en el mejor momento de la existencia humana. ¡En el
mejor momento!: después de miles de años de evolución y
privaciones de placer, de privaciones de conocimientos
elementales. Es hoy, el siglo XXI, el siglo recargado, el siglo
de los siglos. El siglo del fin.
¿Somos la última generación y no hemos aprendido a
disfrutarla? Después de siglos bajo el yugo religioso, privados
de conocimientos. Hoy cuando dios ha muerto y hemos
renacido, cuando somos dios, no sabemos disfrutar del paraíso.
Años, siglos, buscando la redención, el paraíso y cuando
estamos en él no sabemos mirarlo. Como aquel niño que nunca
había visto el mar y cuando su padre lo lleva y lo para frente a
aquella inmensidad majestuosa y divina no sabe apreciarla y le
dice “Papá, ayudame a ver”. Hoy, lectores contemporáneos, les
digo, abran los ojos:
Estamos en el paraíso...
q
Burbujas
El amor es como las burbujas. Son complicadas de crear y
difíciles de mantener. Pero son hermosas. A través de ellas ves
el mundo con otro color. Ves todo tornasolado, multicolor,
radiante y siempre debes disfrutarlo porque sabes que de un
momento a otro, PLOP, puede dejar de existir.
El amor es como las burbujas. Miles de ellas levitando en los
aires, siguiendo distintas corrientes.
A veces algunas pompas se meten dentro de otras. Es amor
introduciéndose en amor, formando un nuevo tipo de apego,
más intenso, doble. O triple.
Una pareja es una burbuja, desde ella ven el mundo, desde esa
cuota de amor ven el mundo. Pero si otra burbuja, hermosa,
radiante, pomposa, llega, choca de casualidad y lentamente se
introduce en esa burbuja, ¿qué pasaría?
Dos burbujas. Fusionadas. Son mucho más amor que una sola
burbuja. Es un amor distinto, más grande, más hermoso,
intocable.
En cada pompa se reflejan las demás. ¿Qué significa esto? Que
del amor de otros se aprende a forjar el propio.
Hay burbujas inmensas, irrompibles, que rozan las espinas de
las rosas y no se rompen, resisten, gruesas, hermosas. Otras
burbujas que de tan viejas, de tan débiles e inmortales, te
emocionan al verlas. Estas antiguas burbujas son legendarios
amores utópicos, casi irreales, casi imposibles. Casi.
Otras burbujas, nuevas, vírgenes, recién hechas, se pueden
romper de un solo súbito soplo de cálidos vientos suaves.
El panorama es millones de burbujas flotando, distintos
amores, que conviven en estas ráfagas de viento etéreo y
líquido viajando por el mundo.
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Diálogo ficticiamente real
Él: Me encantaría que no existieras.
Estéfani: ¿Por qué?
Él: Porque así no te amaría.
Estéfani: (Riendo) Igual me amarías, incluso más. Porque si
yo no existiera tú me crearías, me imaginarías como quisieras.
Él: Si no existieras no podrías estar con otros y serme infiel.
Estéfani: Sabes que no lo soy.
Un prolongado silencio lo tensó, miró hacia abajo como si el
amplísimo mundo blanco que tenía bajo las pupilas le fuese a
contar la verdad.
Él: Sé que no estás con otros.
Estéfani: Pero a la vez sabes que sí. Y te gusta.
Él: Eso es imposible.
Estéfani: ¿El qué es imposible?
Él: Que seas fiel e infiel al mismo tiempo.
Estéfani: No, no lo es. El río es el mismo y diferente a la vez.
Él: Eso no tiene nada que ver.
Estéfani: Sí, sí lo tiene. Pues por alguna razón me creaste y a
la vez te gustaría que no exista.
Él: Yo no te creé, Estéfani.
El silencio duró una hora.
Estéfani: Te amo (lo dijo con una lágrima que se deslizó por su
mejilla y cayó con brillo al blanco vacío. Y se quedó mirando
al cielo, infinitamente blanco (la lágrima siguió cayendo,
infinitamente eterna) esperando que él volviera con su pluma a
hacerla volar, sentir, vivir. Pero eso no volvió a suceder).
79
Yo los vi, pero yo no existo
-Siempre quise besarte y nunca me animé. Siempre, hasta
ahora, quise decírtelo y nunca me animé.
-¿Por qué ahora, Ignacio? ¿Por qué ahora, dentro de la casa del
Señor? ¿Por qué ahora justo antes de irme?
-Porque nunca pensé que realmente te irías -Ignacio bajó los
ojos ante Ana Paula, en mi casa.
-Dame tu mano, Ana Paula. Esa mano con la que tantas veces
sobaste mi cabello haciéndome cerrar los ojos mientras me
acariciabas y me hacías erizar con tus delicadas manos al
rozarme. Dame tu mano, Ana, la misma mano con la que más
tarde acariciarás mi pecho, y disfrutarás del resto de nuestras
vidas. Dámela Ana Paula y no dudes.
-Lo siento, Ignacio.
Ignacio sintió el golpe en su alma, la negativa de Ana Paula le
hizo hasta incluso ver borroso por un segundo. Ver borrosa la
habitación de la alta iglesia, verla borrosa a ella con su bello
vestido de novia, blanco pureza. Se tragó su orgullo. Y perdió
la última chance.
Después de esto, de que se casara con el hijo del rico Felipe,
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dueño de la fábrica de jabones más grande del Uruguay, él no
la querría volver a ver.
Cruzó en la mente de Ignacio un tren a toda velocidad en el que
cada vagón era una imagen rápida, fugaz: ella, él, caricias,
besos (que nunca se dieron), miradas (los ojos celestes de ella),
encuentros, despedidas, despedidas, despedidas, despedidas,
desped, despe, des... d...
“Lo siento,” pensó dentro de sí, cerrando los ojos y llorando,
“no pensé que te fueras a ir para siempre, no lo pensé”.
“Qué lástima,” contestó ella en su mente, “debiste pensarlo”.
“Tantas cosas debiste pensar. Pero...”
“¿Pero qué, Ana Paula?” La miró con la ilusión de quien sabe
que lo que va a escuchar es lo que quiere escuchar. “¿Pero qué,
Ana Paula? Contestame”.
“Tantas cosas debiste pensar, Ignacio, pero no las pensaste. No
las pensaste. ¿Que creíste, Ignacio? ¿Que iba a estar toda la
vida esperándote? ¿Toda la vida esperando? La vida no es
esperar, Ignacio, para esperar están las estaciones de trenes, las
estaciones de ómnibus. Lo siento”.
Las miradas dicen más que mil palabras.
Él solo la miraba. No hablaba. No preguntaba nada.
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Ella dijo lo siento, Ignacio y solamente quedó allí mirándolo
con sus hermosos ojos. Y como él, con su golpe en el alma,
quedó inmóvil mirándola, ella se dio vuelta y salió caminando
hacia el altar a casarse con otro. Él la vio alejarse, su pelo se
balanceaba cubriendo y descubriendo su delicada espalda,
escuchó uno a uno sus pasos resonando en el pasillo, escuchó
la gente invitada gritar al ver a la novia, vio la cara feliz del
novio (el hijo de Felipe, el jabonero) viéndola ir hacia él en una
cálida lluvia de pétalos rosas, rojos y violetas.
En cuanto ella dijo lo siento, Ignacio, él entró en una especie
de choque mental ante la respuesta inesperada, pero cuando
ella se dio vuelta para alejarse hacia el altar él le dijo:
-Yo también lo siento. Y se llama Amor.
Le tomó la mano rápidamente haciéndola girar sobre sí misma
y acercándose rápidamente a ella le dio el beso que nunca se
había animado a darle hasta entonces. Ella misma se quitó el
anillo de compromiso que la prometía a otro hombre y lo tiró,
picando este tres veces en el piso y quedando oculto bajo un
mueble.
Ignacio sacó de una pequeña caja muy bonita un anillo y lo
colocó, suavemente, en la delicada mano que más tarde lo
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estaría acariciando en el pecho y disfrutando del resto de sus
vidas.
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Planeta Isla
Demás está decirlo, porque es información sabida por todos,
que el planeta en el que se encuentra este manuscrito se llama
planeta Tierra mas debería llamarse planeta Agua por la
cantidad proporcional con que cuenta de cada elemento.
Demás está decirlo, pues es banal obviedad para todos, que la
parte conforma al todo y el todo afecta a la parte. Y es por esto
extraño a mi parecer que alguien (¿quién es ese alguien?) haya
decidido denominar a esos millones de seres vivos con
capacidad de usar el raciocinio como “Seres humanos”.
Vista esta comparación hasta parecería lógico que al planeta se
le llame Tierra puesto que una parte que le conforma es
justamente la tierra.
Pero ¿es que acaso los seres humanos tenemos una parte
mínima conformante de nuestro ser que se llame “humano”?
Sé, por el contrario, que el 70% de la totalidad del ser humano
es agua.
Si el 70% es agua, el otro 30% es carne, huesos y vísceras (¿0
simplemente polvo que en contacto con el agua adquiere la
consistencia ósea, carnal o visceral?).
Y si el planeta se llama Tierra, siendo este el componente
menos presente, entonces el Humano debería llamarse Polvo,
siendo este el componente menos presente.
O podríamos buscar líneas de pensamiento más veraces y
menos mentirosas decidiendo entre todos en un sufragio
mundial adoptar el nombre Agua para el planeta y Acuanos
para los habitantes. Y de esta forma estaríamos respetando el
ideal de que la parte conforma al todo y el todo afecta a la
parte.
Por estar el planeta conformado en su mayoría por agua se
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llama Agua.
Sus habitantes por estar conformados en su mayoría por agua
se llaman Acuanos.
Ahora, cuando hay tierra rodeada por agua se le denomina
“isla”. Quizá usted imagine una isla relativamente pequeña,
con arena fina y dorada, con dos palmeras con cocos y con un
pirata bebiendo ron.
Pero si usted conoce la ubicación de Australia podrá
cerciorarse que es una porción, no tan pequeña, más bien
grande, de tierra rodeada por agua. Es Australia por lo tanto
una isla.
Si conoce usted los parámetros geográficos actuales sabrá
también que Australia es considerado un continente.
¿Qué tamaño debe tener una porción de tierra rodeada por agua
para ser considerada isla? Si Australia es un continente y es una
isla entonces no es cuestión de tamaños.
La esencia de una isla, lo que hace a una isla ser isla, es estar
aislada.
Pero con la globalización, la velocidad de los transportes y los
medios masivos de comunicación resulta difícil, si no
imposible, imaginar un espacio geográfico aislado.
Resulta obvio entonces que ya no existen islas en este, el
planeta Agua.
Pero la parte afecta al todo. Y el planeta es parte del Universo.
¿Y si el Universo está conformado por planetas no debería
llamarse Planetario?
Pero si el Universo está conformado en su mayoría por vacío,
¿no debería llamarse Vaciverso? (Naa, quizás es demasiado
nihilista).
El punto es, y esto sí es sabido por todos, que el planeta en el
que está usted leyendo esto ahora mismo es un planeta en el
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que todos pueden comunicarse. El planeta es hoy Uno solo, una
mega red de mentes conectadas que intercambian imágenes,
información, materiales.
Y pudiendo llegar a la conclusión de que las islas se han extinto
completamente nos damos cuenta sin embargo de que no se
han extinto del todo.
Existe hoy una sola isla conocida por todos los habitantes del
planeta Agua, por los únicos habitantes (hasta el momento) del
Vaciverso.
La única isla es el planeta este, solitario, flotando entre el
vacío, sin vecinos.
Ahora, ¿valen la pena las guerras? ¿o hará falta que lleguen
vecinos de otro planeta a atacarnos para que todos los países
del planeta Agua se hermanen, se unan y luchen por un bien
común, por una misma razón?
Si es así, quizá pida ayuda a los medios masivos de
falsificación de información para crear, difundir y convencer a
toda la población mundial de la existencia de vida alienígena
que quiere atacarnos, matarnos y exterminarnos.
Es esta, querido/a y cómplice lector/a, la idea de un humilde
pensador del año 2000 (dos mil) que quiere acelerar la marcha
de su planeta hacia la utopía de la hermandad, de la paz global
y la equidad mundial. Muchas gracias.
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Rancho tóxico
A Sol encomiendo mi piel, marrón como cáscara de árbol
nuevo. A Luna elevo mi poemario, embebido de amores largos
como suspiros de desesperados. A Río le digo: río y sonrío en
tus claras corrientes con su brío rodeado de chicas lindas que
han desprendido ya sus vestidos como largas algas y se han
entrado en frescas aguas que de tanto correr jamás se han
detenido. Solo alguien las detuvo, apresándolas en un cántaro,
para luego beberlas con su marido bajo la noche de
relámpagos.
De barro, bosta y ceniza hechas son las paredes, techo 'e paja y
la letrina un agujero terrestre. Agujero terrestre pero muy
sofisticado, un caño lo une al excusado, un water blanco y bien
lustrado que a su derecha nomás tiene una cama de agua que le
llaman la bañera también color blanco crema como la leche que
bebe la ternera.
Claro que el lector se asombra, si el relato va pero no viene, lo
que sucede y no es extraño es que este rancho con su baño es
un pieza de hotel, que por hacerte sentir extraño, como
viviendo tiempos de antaño, te cobra más de mil cien.
Al frente vista bien linda, con el río que no para, con el agua
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más que clara y con el mate en la mañá. A cien metros nomás
el río desemboca en mar, mar lindo y más que hermoso, con
atardeceres y amaneceres, y a veces haciendo los quehaceres se
te aparece hasta algún oso. Porque mire que es bruto el bosque
que lo circuncida a este judío, que con solo escopeta y un tiro
se hizo un abrigo 'e pieles. Nunca más hubo oso, se lo
agradezco a Escopeta que por aquel martes de yeta aparte de
abrigo comimos carne. Y aunque ahora tengamos hambre
tenemos río y tenemos mar, peeero, no se puede pescar, eso se
lo agradezco a los agricultores que con los mataplagas que
echan desde los tractores han matado hasta las piedras y el
pescado queda más venenoso que las venenosas hiedras.
El agua era clarita, más clarita que el cielo, peeero le agradezco
a las fábricas que lo han hecho más oscuro que mi pelo. Largan
y largan humo y por eso es que yo fumo porque aunque tabaco
no consumo con respirar ya me fundo como ceniza de cigarro.
Quería ir a pescar y lombrices llevé en un tarro, pero mire lo
que le cuento hermano, parece cosa de brujos, las lombrices
eran un lujo hasta que las saqué del agua y es que con el
mataplagas resulta que ahora hasta las lombrices hablan.
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Serás feliz
Serás feliz cuando el viento despierte tu cabello. Cuando la
tierra se mueva bajo tus pies llevándote a lugares increíbles,
recónditos, extraños.
Serás feliz no cuando ya no pienses en él. Sino cuando aún
pensando en él sepas aceptar que el hecho de haberlo tenido
fue hermoso y único. Y fue único gracias a coincidir, por
casualidad, en el mismo planeta. Cuestión casi imposible
teniendo en cuenta que ambos pertenecen a hemisferios
opuestos del universo. Tú perteneces al hemisferio de los
sueños. Él al hemisferio de las utopías.
Quizás, cuando las utopías dejen de ser sueños, lo vuestro
pueda volverse real y salir de este libro.
89
Posdata:
Ey, tú, deja de seguirme... o tendré que
plasmarte
Un día caminando me di cuenta que siempre me apasiona lo
que estoy escribiendo. Escribir es un segundo disfrazado de
siglos que me atrapa. Intento separarme, alejarme de la historia
tal si fuera una máscara. Pero no puedo.
Mientras escribo, la máscara toma dimensiones descomunales
y se transforma en mi ser entero. Y es por eso quizá que algún
crítico pueda decir que soy inmortal, porque cada historia que
sale de mis dedos es una parte de mí y mientras vivan las
historias viviré yo, pero en realidad no soy yo. Cada historia es
un parto, un parto doloroso (porque imagina tú lo que es parir
no solo tantos y tantos personajes sino parir también tantos y
tantos lugares y tiempos y circunstancias y modos de pensar y
de actuar). Uf. No sé como lo consigo. Es natural. Si me
preguntas a cual de mis historias quiero más, como quien
pregunta a cuál de tus hijos quieres más, yo solo puedo
contestar que no las quiero porque no son mías. No es que no
sean mías porque las haya plagiado, ya que no tengo necesidad
de hacerlo, tampoco tengo el tiempo o la dedicación para
hacerlo. No son mías porque las historias no salen de mí, no las
invento, no las creo. Son ellas quienes me buscan y parecen
explotar si no las escribo: como ha pasado tantas veces. Han
sido muchas las historias que por no tener en ese momento con
qué escribirlas han implotado con tal fuerza que no dudo que
hayan logrado salir a flote en la mente de otro escritor. Pero no
puedo decir “esa es mi historia la cual no escribí aquel día
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caminando por no tener lápiz” porque nadie me creería.
Las historias, cuando consiguen materializarse en mí, las
vuelco a algún soporte en el cual quedan plasmadas, no como
quieren, con esa oscuridad que les es propia, con ese ego que
tienen y que les lleva a eso, a plasmarse. Escribir la historia,
materializarla, fijarla, es más bien como una foto de lo que allí
sucede, una foto que se mueve y que quien la mira puede
adivinar incluso si hay un pájaro oscuro mirando desde la cima
de una oscura catedral meciendo sus plumas con el viento.
También puede olerse el viento, húmedo, fresco y tibio, típico
de las noches de verano, ¿no?
Como sea, yo estaba caminando y él me observaba. Y yo lo
sabía. No quería mirarle porque si lo hacía debería plasmarlo,
él me lo pediría. Yo caminaba y él, ocultándose, deslizándose,
me seguía con ímpetu asesino. No me daba miedo porque
estaba yo acostumbrado a que eso sucediera. Es el complejo de
Edipo literario, donde el personaje quiere matar al creador si
este no lo complace plasmándolo y dándole vida.
Él me miraba y yo lo oía.
Quizá solo me quisiera abrazar porque yo era algo así como su
ídolo. Él me querría abrazar (y apuñalarme). Y es lo que hizo,
me apuñaló. Y no lo odio por eso, pero es por eso que no
escribo sobre él, no le voy a dar vida porque si lo hago me
seguirá persiguiendo a donde vaya, ocultándose tras los árboles
oscuros, esperando a que yo pase para asestarme otra de sus
puñaladas.
Qué terrible es el acto creador si lo miramos desde esta
perspectiva, ¿no? Porque pone en nosotros el deber o el sumar
una existencia, que para siempre quedará ahí. Pero no puedo
crear algo para simplemente dejarlo libre, sin decirle qué hacer,
sin encargarme de que tenga una vida plena.
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Es por eso que no creo en Dios supongo, porque no puedo
imaginar que haya creado seres para dejarlos hacer lo que les
plasca, con su complejo de Edipo a flor de piel, deseando saber
quién es su creador y sin las facultades necesarias para
comprobarlo. Es como dudar entre dos hombres y dos mujeres
cuales de los cuatro son tus progenitores. Y darte cuenta de que
ninguno de los cuatro se te parece.
Sí, caminando me di cuenta. Porque el movimiento me lleva a
pensar en cosas fijas, en cosas quietas, como una década ya
pasada: un millón de fotos apiladas una sobre otra, fusionadas
en una sola. Qué difícil imaginarlo. Pero es así.
¿Por qué lees esto? Tú lees esto porque quieres ser parte de la
historia. Algunos dirían “más bien porque quiero identificarme
con algún personaje”. Yo creo que quieres ser parte mismo de
la historia, no identificarte. Y por eso te daré vida:
Yo estaba caminando y te vi oculto tras un árbol, mirándome
con cara de maldad, pero yo sabía: esa maldad no era realmente
maldad, era más bien, ¿cómo decirlo?, entrega. Te me
entregabas con la mirada esperando a sentir lo que yo pensara
que debías sentir. Y así fue, me seguí moviendo por la calle,
mirando por el rabillo del ojo tus movimientos, casi cual mi
sombra, que me seguían. Y qué contento te pusiste al saber a
dónde me dirigía.
Sí, sabías que en el lugar al que yo iba se desataría en ti la
cólera por no entender, la cólera por querer saber, la cólera.
Sonriendo y mirándote por el rabillo del ojo aceleré el paso y
corrí. Qué desorientado quedaste. Salté unos campitos, salté las
vías. Me aventuré hacia aquel lugar y antes de abrir la puerta
disimulé... Insinué mirar el cielo justo antes de atravesar la
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puerta del bar, solo para dejarte tiempo a pasar antes que yo
““sin ser visto” por mí. Y me senté en una de las mesas que daba
de cara al ventanal (no al ventanal a través del que un asesino
miraba a tu chica por la noche con intenciones perversas y
homicidas al cual mataste y enterraste en el fondo, sino que me
refiero al ventanal del bar, por supuesto). El bar de media
cuadra. El bar en el que aquel ladrón entró a robar y se
enamoró de la cantinera y se quedó tomando un café con ella.
Interesantes cosas han pasado, pasan, en este bar, ¿no? Digo,
hoy por ejemplo estás aquí y te miro a través del vapor de mi
taza de café. Estás tenso, no me hablas, pero quieres saber
quién eres. O no sé qué quieres (y es por eso que no sabes qué
quieres). Te encrespas si no sé qué quieres.
Pues... ¿Sabes qué? ¡Sé lo que quieres! Quieres saber quién
eres, quieres saber por qué me sigues y quieres saber cómo
terminará esto...
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Dos caminos.
Clna elección.
¿Guál tomar ?
He ahí Sa diferencia.
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La obra de Nando Secreto es un laberinto con puertas que
conducen a territorios diversos. Este viaje sucede a través de
múltiples géneros que se entrelazan para conformar una tela de
araña cuya particularidad es el corazón de una literatura original
y extraña. Este es un libro de cuentos, de ensayos, de relatos y
fantasía que por momentos se traviste con brillos de realidad.
Podría decirse que el escritor pretende expandir el universo del
imaginario ordinario, mestizando ficción y filosofía, narrativa y
pensamiento. En estos textos se ocultan secretos que solo
pueden ser develados del mismo modo que con toda la
literatura, del mismo modo que con toda persona, a través de
su lectura. Y si hay algo que une a la literatura y a las personas,
es que ambos son un mundo de secretos por leer en un cuerpo
muy reducido. TA
Natalia Fidel Wilkins | | Il
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